Devocionales Matutinos

Helen Keller

Jóvenes 2 · Del libro Persigue Tus Sueños

Versículo:

Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Juan 15:10.

La obediencia y el amor son dos valores esenciales para la vida, que todos debemos poseer. Sin embargo, Helen Keiler, de seis años de edad, no los había cultivado, porque era ciega y sorda, resultado trágico de una fiebre perniciosa. Al no tener la menor idea de cómo comunicarse con su hijita, los Keiler le permitían hacer lo que quería.

Cuando la Srta. Ana Sullivan llegó a la casa para ser su maestra, encontró a una chiquitina que se parecía más a un animalito que a un ser humano. A la hora de las comidas, corría por todo el comedor y tomaba alimentos de los platos de los demás. Empujaba, pateaba y mordía a los que trataban de impedirle hacer su voluntad.

Una mañana, cuando Helen metió su manita en el plato de avena cocida con leche de la Srta. Sullivan, ella le pegó y la regresó a su lugar. Helen insistía en meterse en el plato de su maestra, en lugar de comer del suyo. Cada vez que lo hacía, recibía una palmada en la mano.

-No soporto verla tratar así a la pobrecita Helen -lloraba la Sra. Keiler. -Ella no entiende que está haciendo mal -agregó el Sr. KeilerSiempre se lo hemos permitido. Por favor, compréndala y sea amable con ella.

-Estoy siendo amable -explicó la Srta. Sullivan-, Helen debe aprender lecciones de obediencia antes que se le pueda enseñar cualquier otra cosa.

Los esposos Keiler estaban tan molestos que abandonaron el comedor y dejaron a su hijita, que hacía berrinches en el piso. La Srta. Sullivan cerró la puerta con llave y se sentó a comer su avena, ya fría. Helen apareció de nuevo a su lado para tratar de arrebatarle la comida del plato. Ana otra vez le dio una palmada en la manita.

Helen corrió a la silla de su madre en busca de simpatía, pero la encontró vacía. Se dirigió a la puerta y la encontró cerrada. Al fin se dirigió a su lugar en la mesa, se sentó y comenzó a comer su avena. La maestra le puso una cuchara en la mano, pero ella la tiró al piso. Ana insistió hasta que Helen comiera la avena con la cuchara.

Acerca de esta experiencia, la Srta. Sullivan escribió: "Supongo que tendré muchas batallas con esta niñita, hasta que aprenda las únicas dos lecciones esenciales que le puedo enseñar: el amor y la obediencia".

Septiembre 20

Devocionales del Domingo, 20 de septiembre de 2020 ›