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Versículo:Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y Sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y Sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los Santos. Daniel 9:24.
Ya hemos considerado esta profecía en la lectura del 25 de enero como una de las evidencias de la inspiración profética de la Biblia por su cumplimiento matemático y asombroso en la vida y la muerte de Jesús, por lo cual no me voy a extender en ella aquí.
La profecía de las 70 semanas forma parte de la anterior (Daniel 8:14) y marca el inicio del período, el punto de partida de ambas profecías (que son una sola, pero aquí se empieza a desgranar), en el versículo 25, al señalar: “Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta...”
Como ya lo indicamos, esta “salida de la orden para restaurar y edificar Jerusalén” corresponde al decreto de Artajerjes I Longímano del año 457 a. C. También mencionamos que en las profecías escatológicas un día profético corresponde a un año literal. Por lo tanto, si al año 457 a. C. le sumamos 2300 días/años, llegamos al año 1844 (sería 1843, pero recordemos que al hacer el traspaso de los años antes de Cristo a los años posteriores al nacimiento de Jesús no se cuenta el año 0). Como hemos visto, a partir de este momento, empezaría la purificación del Santuario celestial; es decir, el juicio investigador que permitirá a Dios juzgar a toda la humanidad delante del universo, poner un punto final a la historia dolorosa de pecado y la rebelión.
Desde esa fecha, Jesús está realizando el juicio investigador en el cielo, dando oportunidad a que todos los que estamos vivos nos arrepintamos de nuestras maldades, y optemos por el bien y la salvación. Es tiempo de aprovechar la chance que Dios nos da con el propósito de prepararnos para vivir en el cielo, donde todo será amor y armonía perfectos. Es tiempo de abandonar el mal, la rebelión, el egoísmo, la violencia, la inmoralidad, y empezar a vivir aquí en la tierra como esperamos vivir en el cielo.
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