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Versículo:Sus criados se le acercaron y le dijeron: «Padre mío, si el profeta te mandara hacer algo difícil, ¿no lo harías? ¿Cuánto más si solo te ha dicho: "Lávate y serás limpio?"» (2 Reyes 5: 13, RV1995).
¿HAS NOTADO CUÁNTA IMPORTANCIA TIENEN NUESTRAS PALABRAS? Con ellas podemos expresar el amor más romántico o el odio más acérrimo; con las palabras despertamos en nuestros oyentes sentimientos de ternura, compasión, miedo, alegría, depresión y todo tipo de pensamientos que afectan el estado de ánimo. Las palabras pueden ser dichas para edificar, construir y ayudar, como también para derribar y arruinar a quien las escucha. En muchas ocasiones he tenido que dedicar tiempo de mi tarea pastoral para resolver situaciones desagradables creadas por palabras dichas a la ligera.
La conocida historia de Naamán hubiera sido distinta si él no hubiera estado acompañado de criados que supieron utilizar el don del habla. Cuando el siervo de Eliseo le indicó que debía lavarse siete veces en el río Jordán, «Naamán se enojó y se fue, mientras decía: "¿Cómo? Yo pensaba que ese profeta saldría a verme, y que de pie invocaría el nombre del Señor, su Dios, y luego alzaría la mano y tocaría la parte enferma, y me sanaría de la lepra"» (2 Rey. 5: 11). El enojo de este general sirio le llevó a ignorar la recomendación del profeta «y muy enojado se fue de allí» (vers. 12). Es decir, prefería continuar con la mortal enfermedad de la lepra, antes que lavarse en el río Jordán.
Sus criados, que amaban a este hombre poderoso, con tacto y cariño le dijeron: «Padre mío, si el profeta te mandara hacer algo difícil, ¿no lo harías? ¿Cuánto más si solo te ha dicho: "Lávate y serás limpio?"» ¡Qué bien que utilizaron las palabras para llegar al corazón de Naamán! Con toda razón los criados hubieran podido discutir con Naamán, porque el pedido de Eliseo no era descabellado y el enfado de Naamán no tenía sentido. Sin embargo, el siervo que le habló, comenzó el diálogo diciéndole: «Padre mío». Seguramente, estas palabras ablandaron el corazón, quitaron el enojo y le ayudaron al general sirio a obedecer el mandato. En definitiva, esas palabras contribuyeron para que Naamán se viera libre de la lepra.
Cada hijo de Dios también está llamado para utilizar con sabiduría el don del habla. Nuestra familia, la iglesia y la sociedad necesitan de cristianos que utilicen sus palabras para ayudar a sus semejantes. Con Jesús viviendo cada día en el corazón, las palabras de amor y bondad serán una constante en nuestros labios.
Ejemplos y enseñanzas de personajes secundarios.