Una cualidad divina

Jóvenes · Del libro EJEMPLOS Y ENSEÑANZAS DE LAS ESCRITURAS

Barzilay era ya muy anciano, pues tenía ochenta años, y cuando el rey estuvo en Majanayin él le había dado provisiones, pues era muy rico (2 Samuel 19: 32).

«CUÁNTOS HAY QUE AHORA MISMO [...] Viven día tras día, semana tras semana, año tras año para sus propios intereses egoístas. Su influencia y sus recursos, acumulados a través de la capacidad y el tacto que Dios le ha dado, los usan para ellos mismos y sus familias sin pensar en su bondadoso Benefactor. No permiten que nada fluya de vuelta al Dador» (Elena G. White, La edad dorada, p. 94).

Desde que entró el pecado, el egoísmo fue una constante en la vida humana. Siendo Satanás el primer gran egoísta del universo, este rasgo detestable formó parte de la «genética» del hombre. Pero, en las Escrituras, tenemos varios ejemplos de hombres que mostraron ser diferentes y fueron solidarios con sus semejantes.

Este fue el caso de Barzilai, un venerable anciano, sumamente rico, que sintió compasión de David mientras huía de Jerusalén.

Para el perseguido rey, todo parecía perdido. El pueblo de Israel parecía estar del lado de Absalón, ese joven de hermoso parecer que durante años se había propuesto ocupar el trono de su padre. David, como hombre experimentado, conocía las consecuencias de una insurrección, por eso decidió abandonar su querida ciudad para que no corriera sangre inocente.

Mientras huía, Barzilai salió a su encuentro y le entregó provisiones al rey cuando estaba en Mahanaim. Jamás esperó una recompensa, ya que todo parecía mostrar que Absalón sería el nuevo rey. Su generosidad fue espontánea y sincera, y luego de que David recuperara el trono, el rey procuró recompensar a Barzilai por su dadivosidad. El anciano generoso rechazó la oferta,

Si bien todos conocen la gran verdad que dice: «Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar» (1 Tim. 6:7), aun así, miles luchan, se estresan y hasta se enferman por acumular riquezas que en cinco vidas no podrían gastar. Por eso, el ejemplo de Barzilai y el consejo bíblico es claro: todo lo que poseemos procede de un Dios generoso, e imitando esta cualidad divina, se nos invita a compartir algo de lo que poseemos con nuestros semejantes. Si lo hacemos, escucharemos la recompensa de labios de Jesús que nos dirá: «De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron» (Mat. 25: 40).

Ejemplos y enseñanzas de personajes secundarios.