Devocionales Matutinos

El Protector Labial

Jóvenes · Del libro Completamente al Azar"

Versículo:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo (Apocalipsis 3:20).

Me senté al borde de mi silla mientras la profesora de Lenguaje contaba los puntajes del juego de vocabulario. La señora Schnell solía dar premios al equipo ganador, y yo esperaba recibir alguna chuchería antes de irme. Finalmente, escuché mi nombre como parte del equipo ganador, y metí la mano en la caja de premios para seleccionar mi recompensa: un tubo de protector labial sabor mango tropical. 

Desde esa mañana hace siete años perdí, derretí, aplasté y usé con exageración ese protector labial de sabor mango tropical. A veces dejo el tubo en el bolsillo de un abrigo o en una cartera y me olvido de él durante meses y meses, pero siempre reaparece y sigue funcionando cuando lo presiono contra mis labios. He escuchado anécdotas vividas por mis amistades sobre los tubitos de protector labial encontrados en la secadora de ropa o mordisqueados por las mascotas, pero la sustancia cerosa adentro nunca pierde su propiedad sanadora. 

A veces nos olvidamos de Dios. Podemos pasar horas sin hablar con él o días sin abrir su Palabra; pero cuando lo encontramos de nuevo, él sigue teniendo poder ilimitado para sanarnos y fortalecernos. No importa cómo lo tratemos, seguirá estando dispuesto a ayudarnos. Apocalipsis 3:20 dice que Dios espera constantemente que le abramos el corazón: “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Ninguna cosa que hagas, que pienses o que digas puede desanimar a Dios y evitar que te sane cuando lo recuerdes y clames a él otra vez.

Devocionales del Lunes, 2 de diciembre de 2024 ›