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Versículo:¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? (Romanos 8:35).
En mi apartamento tengo una mesa pequeña con dos sillas. Compre el juego pensando que disfrutaría de comer sentada en la cocina, pero siempre termino dejando las sillas en el dormitorio o en el baño. Si tuviera una mesa de pícnic, esto no sería un problema. Las mesas de pícnic están unidas a dos bancos suspendidos debajo de la mesa. Las tres partes forman una sola unidad sólida que no se separa, y los bancos nunca se pierden.
Así como nada puede separar una mesa de pícnic de sus bancos, nada nos puede separar del amor de Cristo. Cuando Michelle y yo éramos niñas, mamá nos animaba a memorizar promesas de la Biblia. Nos ayudó a cada una a elegir una promesa especial que queríamos como “versículo de dedos”; y cada vez que repetíamos ese versículo, ella nos pintaba las uñas de los pies con los colores del arcoíris para recordarnos que Dios cumple sus promesas. Michelle eligió Romanos 8:38 y 39 como su “versículo de dedos”, y lo repetía a menudo: “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Ese texto es una de las promesas más increíbles de Dios para nosotros. No importa cómo nos sintamos o qué hagamos, Dios nos ama incondicionalmente.