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Versículo:«El que se humilla, será engrandecido». Lucas 14: 26, PDT
En 2015, Stephen Curry llevó a los Golden State Warriors a su primer campeonato, de la NBA, en cuarenta años, y fue nombrado el MVP de la liga, el número uno del equipo número uno. Al año siguiente, a pesar de que los Warriors tuvieron la mayor cantidad de victorias de temporada regular en la historia de la NBA, sufrieron una dura derrota a manos de los Cavaliers de LeBron James. El equipo número uno se convirtió en el número dos. ¿Qué haría la estrella número uno de la liga? Curry ayudó a su equipo a reclutar a Kevin Durant, reconoció sus capacidades y aceptó ocupar el segundo lugar. Para muchos, la decisión de Curry desafió la lógica humana, pero funcionó. Los Warriors recuperaron el campeonato consecutivamente en 2017 y 2018.
Lo que Curry hizo es lo que Mike Bonem define como un «líder de la segunda silla», «Una persona con un papel subordinado, cuya influencia sobre los demás añade valor a toda la organización».* La humildad de Curry halla su razón de ser, no en lo que hay en su cabeza, sino en sus pies. Él lleva escrito en sus tenis «4: 13», en alusión a Filipenses 4: 13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». «Es mi lema y por qué juego de la manera en que lo hago -dijo- [...]. No juego para anotar treinta puntos por noche, sino para [...] ser testigo y compartir mi testimonio a medida que lo vaya viviendo».
Ser discípulo de Jesús es estar dispuestos a ocupar el segundo lugar y permitir que Jesucristo sea el número uno, como dijo Pablo: «Y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gálatas 2: 20). Jesús es nuestro mayor ejemplo de humildad, él, siendo el número uno en el cielo, «renunció a lo que era suyo», vino a la tierra y «se humilló». Por eso «Dios le dio el más alto honor» para que «todos reconozcan que Jesucristo es Señor» (ver Filipenses 2: 6-11). Hoy, si te humillas bajo la poderosa mano de Dios, él te enaltecerá a su debido tiempo (ver 1 Pedro 5: 6).