Hoy

Libertadores

Jóvenes · Del libro Inverso

Levantaré a Ciro en justicia; allanaré todos sus caminos. Él reconstruirá mi ciudad y pondrá en libertad a mis cautivos (Isaías 45:13, NVI).

Abraham Lincoln fue el 16o presidente de los Estados Unidos, elegido en 1860. Lideró el país durante el período de la Guerra Civil estadounidense y se hizo conocido como el presidente que realizó grandes transformaciones sociales, como, por ejemplo, decretar la emancipación de los ciudadanos afroamericanos.

En la noche del 14 de abril de 1865, después de casi cinco años al frente de la nación, Lincoln fue baleado a quemarropa mientras veía una comedia en el Teatro Ford, en Washington. El asesino, John Wilkes, era un actor estadounidense de 26 años que odiaba a Lincoln simplemente porque había ofrecido libertad a los esclavos del país.

El día del funeral, el cuerpo de Abraham Lincoln fue colocado en un lugar público para que las personas pudieran rendirle homenaje. En la gran fila, había una señora negra que llevaba a su hijo en brazos. Cuando ambos se acercaron al ataúd, con lágrimas, ella le dijo al niño: "Hijo, mira al hombre que te dio la libertad".

Así como hizo esta mujer, la profecía de Isaías nos invita a mirar a dos grandes libertadores. El primero es Ciro, quien gobernó Persia entre los años 559 y 530 a.C., aproximadamente doscientos años después de Isaías. Fue un poderoso instrumento en manos de Dios para liberar al pueblo de Judá del cautiverio en Babilonia (Esd. 1:1).

En la noche del 12 de octubre de 539 a.C., mientras el rey Belsasar y sus invitados bebían vino en los vasos sagrados del templo de Jerusalén, Ciro desvió el curso del río Eufrates, que pasaba por debajo de los muros de Babilonia. Con el nivel del agua a la altura de las rodillas, Ciro y su ejército invadieron la ciudad y liberaron al pueblo judío. Esa noche, Belsasar fue asesinado y su reino "entregado a medos y persas" (Dan. 5:28, NVI).

De manera similar, Jesús nos liberó de la tiranía del pecado. Como Ciro (Isa. 44:28; 45:1), Cristo también es el Pastor de Israel, el Ungido de Dios. Desvió el curso de la historia, entró en este planeta que estaba embriagado por la maldad y nos dio la oportunidad de ir a la Jerusalén eterna.

¿Ya fuiste liberado por Jesús o aún eres esclavo de Babilonia? Recuerda que, si el Hijo nos libera, seremos verdaderamente libres (Juan 8:36).