Hoy
El Ejemplo de Job
Jóvenes · Del libro Inverso
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Hubo en tierra de Hus un hombre llamado Job, que era intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1:1).
El comienzo del año 2000 fue muy significativo para mí, no solo por el cambio de siglo y de milenio, sino también porque inicié una nueva etapa en mi vida. A los 17 años ingresé en la Facultad de Teología y di los primeros pasos hacia mi sueño de ser pastor. Conocía la rutina de este oficio por haber observado el ministerio de mi padre, pero sabía que la práctica sería muy diferente.
El primer día de clases, me llamó la atención un cartel que había sobre la puerta del aula. El texto de Job 1:1 estaba impreso en él. Ese versículo fue un desafío para mí a lo largo de los años. Era como si Dios me dijera: "Milton, vas a aprender muchas cosas importantes sobre teología: autores, fechas, argumentos y obras fantásticas. Pero no te olvides de ser como mi siervo Job". A partir de allí, mi aprecio por este patriarca no hizo más que aumentar.
El libro de Job fue el primer libro de la Biblia en ser escrito. Antes de que Moisés registrara el Génesis en el desierto de Madián, Dios inspiró a su siervo para que describiera la experiencia del "hombre más rico de todo el oriente" (Job 1:3, DHH). Así fue como el Señor abrió el proceso de escritura del Canon Sagrado: con la historia de una familia feliz, dirigida por un hombre próspero y temeroso de Dios. Es como si el libro de Job fuera otro "Génesis", retratado desde la perspectiva del Gran Conflicto.
Me gusta pensar en el libro de Job como una Biblia en miniatura. Así como los dos primeros capítulos de la Escritura describen la Tierra en su estado perfecto, Job 1 presenta el estado del patriarca en una condición casi edénica, en la que todo era bueno y funcionaba en armonía. Sin embargo, Satanás subvirtió la normalidad y destruyó la vida de aquel hombre recto, llevándolo a un estado deplorable, del mismo modo en que llevó a la humanidad al caos.
Hoy vivimos dentro de este "paréntesis", un período que se extiende entre el Edén perdido y la restauración prometida, un período marcado por heridas e interrogantes. Sin embargo, el libro de Job culmina con la buena noticia de la restauración. En el capítulo 42, la vida del patriarca es, en muchos sentidos, restablecida, lo cual refleja la promesa final de Apocalipsis 21 y 22, donde se describe una Tierra restaurada y la dicha eterna de todos los "Jobs".
Ante este panorama, nos queda la siguiente pregunta: ¿Hemos desarrollado un carácter recto y justo, que teme a Dios y se aleja del mal?