Hoy

Helado

Jóvenes · Del libro Inverso

Engañoso es el corazón más que todas las cosas (Jeremías 17:9).

Una vez, mi familia y yo estábamos disfrutando de las vacaciones en la costa de Paraná, Brasil. Mientras nos divertíamos en el mar, mi hijo menor señaló al vendedor de helados y dijo: "Papá, ¿puedo comprar un helado?" Yo respondí: "iClaro! Toma el dinero de la mochila". Después de unos segundos, volvió corriendo al agua con dos helados en la mano. Mi esposa, impresionada, dijo: "iMira qué lindo! Compró un helado para él y otro para su hermano". Cuando el pequeño se acercó, gritó muy feliz: "iPapá, el vendedor dijo que podía comprar dos helados! ¿Cuál de los dos me como primero?" En ese momento, comenzamos a reírnos. Lo que parecía una virtud no era más que egoísmo.

La Biblia afirma que nuestro corazón es engañoso. No importa la edad, la etnia o la condición social, todos somos pecadores y tenemos el corazón "curvado" hacia nosotros mismos. Sin darnos cuenta, pasamos la vida orbitando nuestro ego, cuyo campo gravitacional atrae nuestros sueños, pensamientos y aspiraciones más profundos. Incluso un niño, a quien habitualmente llamamos "angelito", ya es un pequeño pecador que clama por atención hacia sí mismo.

Al describir el corazón humano, el profeta Jeremías usó la palabra "engañoso", cuya raíz en hebreo es la misma que la del nombre propio "Jacob". ¿Recuerdas a este personaje bíblico que nació sujetando el talón de su hermano Esaú y que, más tarde, engañó a su padre Isaac para recibir la bendición de la primogenitura? En cierto sentido, todos tenemos un "Jacobcito" dentro de nosotros, que tira de nuestro carácter hacia abajo y nos lleva al egoísmo y a otros pecados.

Necesitamos entender urgentemente que nuestro mayor enemigo tiene un nombre: "Yo". Somos orgullosos y mentirosos por naturaleza, y esta realidad nos lleva a disfrazar a diario lo que realmente somos. Al contrario de lo que pensamos, no somos tan buenos ni tan sinceros. Pero ¿quiénes somos realmente? La respuesta se revela cuando miramos a Cristo ya su Ley. En ella se revela nuestra verdadera identidad y nuestras máscaras caen al suelo.

¿Escribo para alguien que solo piensa en sí mismo? ¿Eres un apasionado por tu propia felicidad? Te sugiero que busques a Jesús con urgencia. Solo él puede enderezar los egos y transformar los corazones. Si la vida te da dos helados, recuerda siempre a tu hermano.