Devocionales Matutinos

Creyente Cuatro Ojos

Hoy

Jóvenes · Del libro Inverso

Versículo:

Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:2, NVI).

Existe un pez con escamas, muy ágil, que vive en los ríos del Amazonas. Puede llegar a medir treinta centímetros de largo y pesar unos cuatrocientos gramos. Su nombre científico es Anableps, pero es popularmente conocido como pez de cuatro ojos. Esto se debe al hecho de que tiene los ojos divididos en dos partes. Una mitad está dentro del agua, para observar a otros peces, y la otra mitad está fuera, para percibir el movimiento de los pájaros.

Al igual que este pez de agua dulce, el cristiano también debe tener una visión doble. Mientras "corre" detrás de las cosas de este mundo, como el estudio, el trabajo y el ocio, sus ojos deben estar dirigidos hacia el Cielo, hacia las cosas eternas. Es como si viviera, al mismo tiempo, en dos mundos, con los pies en la Tierra y la vista en el Cielo.

La Biblia está llena de creyentes "cuatro ojos", hombres y mujeres que marcaron la diferencia en el mundo justamente porque pensaron más en el Cielo que en la Tierra. Observa, por ejemplo, la galería de los héroes de la fe en Hebreos 11. El versículo 13 dice: "Todos estos, hasta morir, vivieron por la fe, sin haber recibido las promesas, mirándolas de lejos, saludándolas y confesando que eran peregrinos y forasteros en la tierra".

La lista de estos peregrinos es larga. Abraham, el padre de la fe, aspiraba a "la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios" (vers. 10). Moisés, el gran libertador de Israel, "tenía la mirada puesta en la recompensa" (vers. 26, NVI). Daniel, el hombre que recibió extraordinarias revelaciones, esperaba "en los últimos días" recibir la herencia prometida (Dan. 12:13). Pablo, el gran apóstol entre los gentiles, solía fijar sus ojos "no en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Porque lo que se ve es temporal, pero lo que no se ve es eterno" (2 Cor. 4:18).

Y tú, ¿dónde has puesto tus ojos? Elena de White escribió: "Si permitiéramos que nuestra mente meditase más en Cristo y en el mundo celestial, hallaríamos un estímulo y un apoyo poderoso para pelear las batallas del Señor. El orgullo y el amor al mundo perderán su poder al contemplar las glorias de esa Tierra mejor que tan pronto será nuestro hogar" (Mensajes para los jóvenes, p. 109).

¡Mira siempre hacia el Cielo!

Devocionales del Viernes, 2 de octubre de 2026 ›