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Versículo:Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá (Juan 11:25).
En la ciudad de Betania, vivía una familia muy amada por Jesús que estaba compuesta por los hermanos María, Marta y Lázaro. De todos los lugares por donde Jesús pasó, este era el que más apreciaba, pues se sentía en casa y libre de la persecución de los líderes religiosos.
Un día, un mensajero de Betania le trajo la siguiente noticia a Cristo: "Señor, aquel a quien amas está enfermo" (Juan 11:3). Interesante, ¿no? ¡Los amigos de Jesús también sufren! Esto nos revela que el hecho de seguir a Cristo y recibirlo en nuestra casa no nos hace inmunes a los problemas.
Al recibir la noticia, el Maestro respondió: "Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios" (vers. 4). Esta respuesta parecía no tener ningún sentido. ¿Cómo puede una enfermedad ser para la gloria de Dios? ¿No sería la curación el motivo para la gloria del Señor? Para empeorar la situación, después de recibir el triste mensaje, Cristo permaneció dos días más donde estaba. Piensa bien: Si un amigo tuyo estuviera al borde de la muerte, ¿no irías a visitarlo de inmediato? Pero Jesús permaneció quieto donde estaba..
A veces tenemos la impresión de que Dios está atrasado, ajeno a nuestros problemas mientras sufrimos y buscamos soluciones, pero esta historia nos enseña que él tiene el control de la situación. Cristo actúa en el momento justo y de la manera justa para el bien de aquellos que lo aman. Con toda la certeza del Universo, Jesús dijo: "Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero voy a despertarlo del sueño" (vers. 11).
Al llegar a Betania, el ambiente estaba lleno de tristeza. Una multitud lloraba, junto con las hermanas María y Marta, por la muerte prematura de Lázaro. En ese momento, María se postró a los pies de Jesús y exclamó: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto" (vers. 32). Estas palabras conmovieron el corazón de Jesús. Luego, encontramos al Creador llorando (vers. 35). iQué escena conmovedora! Dios se compadece del sufrimiento humano.
Entonces, Jesús ordenó que quitaran la piedra del sepulcro. Luego, clamó: "¡Lázaro! ¡Sal fuera!" (vers. 43). Para asombro de todos, el muerto inmediatamente resucitó y causó una mezcla de reacciones en los espectadores.
Dios nunca se atrasa. Para todo hay un tiempo justo. Si hoy esperas una respuesta de Jesús, solo confía. En el momento exacto, él actuará.