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Versículo:«El Señor es justo y ama lo que es justo; ¡por eso lo verán cara a cara los sinceros!». Salmo 11:7
Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios todopoderoso; vive una vida sin tacha delante de mí, y yo haré una alianza contigo» (Génesis 17: 1-2). En esa alianza, o pacto, que Dios hizo con Abram, le prometió que sería padre de multitudes y que su bendición acompañaría a toda su descendencia. Como señal del pacto, era necesario que todos los niños varones de la nación judía fueran circuncidados a los ocho días de nacidos (Génesis 17:10-12). Con esta pequeña cirugía, eran recibidos en la comunidad del pueblo de Dios.
Durante muchas generaciones se mantuvo esta costumbre, hasta que Jesús vino a la tierra. Con Jesús, todo cambió, y lo que era símbolo del Mesías se vio cumplido. A partir de entonces, ciertos símbolos dejaron de tener valor. El apóstol Pablo comprendió muy bien esto, y predicó que ya no era necesario seguir circuncidando a los bebés. Pablo explicó: «Porque lo que importa no es estar o no estar circuncidado, sino obedecer los mandatos de Dios» (1 Corintios 7:19). «Porque gracias a Cristo Jesús, ya no cuenta para nada estar o no circuncidados. Lo que cuenta es la fe, una fe activa por medio del amor» (Gálatas 5: 6). Lo que cuenta es que aceptes a Jesús y que tus actos reflejen que lo has aceptado.
Dios quiere que lo amemos de verdad, que sintamos lo que hacemos y seamos sinceros. «El Señor es justo y ama lo que es justo; ¡por eso lo verán cara a cara los sinceros!» (Salmo 11:7).
Desafío:Piensa en cinco cosas que podrías hacer para devolver amor a aquel que nos amó primero.