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Versículo:«Cristo vino también para que los no judíos alaben a Dios por su misericordia». Romanos 15:9
Los israelitas, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, solamente se protegían los pies con sandalias, que solían ser de cuero, pero no usaban calcetines (medias). Por eso, cuando llegaban a una casa, la costumbre era que un criado les lavara los pies, ya que venían sucios del polvo del camino. Esta era una muestra de hospitalidad y cortesía.
A pesar de las costumbres de los hebreos, la historia de lo que hoy conocemos como calcetines o medias, se remonta a hace muchos siglos, antes de la venida de Jesús a este mundo. Había calcetines de diferentes materiales y de diferentes alturas. En la Edad Media, en Europa, los hombres usaban calcetines o medias altas, pero solamente los ricos. Eran como un artículo de lujo, muy caros, hasta que en el siglo XVI, el inglés William Lee inventó una máquina para fabricar calcetines de lana y algodón. A partir de ahí, este se convirtió en un producto barato y comenzó a usarlo todo el mundo. Hoy, no hay nadie que no tenga en su casa unas medias o calcetines.
Algo parecido a lo que sucedió con el calcetín en Europa, sucedió al principio del cristianismo. Muchos judíos consideraban que el mensaje de salvación era solamente para ellos. Pero Jesús dejó claro que no es así. «Cristo vino también para que los no judíos alaben a Dios por su misericordia» (Romanos 15:9). Gracias a Cristo, nosotros también tenemos acceso al mensaje de salvación.
Desafío:Escribe en dos papeles pequeños la frase: «Gracias, Jesús». Pégalos en la suela de tus zapatillas.