Devocionales Matutinos

El que Habla Mucho...

Menores · Del libro Ciencia divertida para cada día

Versículo:

«Por mucho pensarse tienen pesadillas, y por mucho hablarse dicen tonterías» (Eclesiastés 5: 3).

Experimenta:¿Tienes problemas para guardar silencio? ¿Conoces a alguien que los tenga?

En casa de los García vivía Pepe, un loro genial de cabeza amarilla. Avisaba cuando llamaban a la puerta y como los loros de su especie, podía imitar. Lo disfrutaba sobre todo si se trataba de remedar a quienes hablaban mucho.

Los García pasaron momentos muy vergonzosos con varias personas, especialmente una señora a la que le gustaba hablar y reír mucho. Cada vez que iba a visitarlos, corrían a alejar a Pepe para que no la parodiara a mitad de la conversación. Aun así, el loro se divertía a la distancia. Un día, cuando la señora apenas había tocado a la puerta, Pepe comenzó: «Bla, bla, bla, bla, bla». Apenas ella abría la boca para hablar y el loro decía lo mismo. Ella guardaba silencio, el loro guardaba silencio. Ella intentaba hablar y el loro la remedaba. La señora García se sentía muy apenada con su hablantina visitante, así que se disculpó con ella por la conducta del loro. La señora, muy amable, contestó:

-No se preocupe. Me ha hecho bien que su loro me remede cada vez que vengo. Ahora hago algo que antes no... ¡Pienso antes de abrir la boca!

Hay personas que, aunque ya no tienen algo bueno que decir, hablan y hablan. Están en peligro de que les pase lo que dice la Palabra de Dios en el versículo de hoy: «Por mucho hablar se dicen tonterías». Por eso, aunque a tu alrededor no esté Pepe, el loro, ¡debes cuidar lo que dices!

Si no puedes callar, si te cuesta trabajo cerrar la boca para no terminar diciendo tonterías, Jesús es la solución. Si le pides de corazón que te ayude a no hablar de más, lo concederá. Te hará pensar antes de hablar y dirá cuándo debes detener la conversación. Jesús no se burlará. Pídele ahora mismo su ayuda. No esperes a que tu boca te meta en problemas.

Envía tus saludos a lindacollazos2015@hotmail.com

Devocionales del Jueves, 13 de agosto de 2015 ›