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Versículo:«"Solo iré si tú vienes conmigo", contestó Barac. "Pero si tú no vienes, yo no iré"» (Jueces 4: 8).
En los Juegos Olímpicos de París 2024, la dupla de Osmar Olvera y Juan Manuel Celaya le otorgó a México una medalla de plata en salto sincronizado desde tres metros. Tras este logro, un nombre resalta: Ma Jin, la entrenadora china que ha revolucionado los clavados mexicanos en las últimas dos décadas.
Ma Jin llegó a México en 2003 como parte de un programa de cooperación del gobierno chino para entrenadores de deportes. Especialista en clavados, Ma enfrentó un choque cultural y de idioma al llegar a América Latina. «Cuando llegué no entendía nada», recuerda Ma, quien había aprendido solo lo básico de español.
A pesar de las dificultades iniciales, Ma se quedó en México y se convirtió en una pieza fundamental en el éxito de los clavadistas mexicanos. Entrenó a figuras destacadas como Paola Espinosa, Rommel Pacheco y Laura Sánchez. Su estilo directo y exigente, a menudo en contraste con la cultura mexicana, se centraba en la perfección y la disciplina.
«Soy muy sincera. No tengo tiempo para preguntar cómo estás o cómo te sientes. Te digo qué te falta hacer», explica Ma. Su enfoque ha llevado a México a ganar cerca de 260 medallas en competencias internacionales bajo su guía. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, Ma ayudó a Paola Espinosa y Tatiana Ortiz a ganar una medalla de bronce en saltos sincronizados. En 2012, Espinosa y Alejandra Orozco lograron la plata en Londres. Gracias a estos logros, Ma fue condecorada con la Orden del Águila Azteca, el mayor reconocimiento que México le otorga a los extranjeros.
Después de 21 años en México, Ma Jin reflexiona sobre su viaje: «Siento que ha valido la pena haber estado ya por 21 años en México. Me gusta que los niños se sientan agradecidos y que me quieran. Eso se siente mejor que si ganan medalla». Ahora, aunque sigue buscando la excelencia, también valora más el bienestar mental de sus atletas.
Cuánta seguridad puede darnos el mentor adecuado. Ante el enorme desafío de enfrentar a los cananeos dirigidos por Sísara, Barac se sintió pequeño. Le dijo a Débora que solo respondería al llamado de Dios si ella lo acompañaba. Débora lo acompañó y Barac, apoyado en la profetisa del Señor, dio lo mejor de sí. Tan importante como escoger a los amigos correctos es hallar a los mentores correctos. Los clavadistas Osmar Olvera y Juan Manuel Celaya encontraron a Ma Jin, y Barac encontró a Débora, la profetisa. ¿A quién encontraremos nosotros?