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Versículo:La heroína donadora «El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos» (Juan 15: 13).
Hoy hablaremos de Carissa Fisher, una maestra de preescolar de 20 años que sorprendió a la familia Toczek al ofrecerse como donante de hígado para Ezra, su exalumno de 5 años. Ezra, un niño huérfano adoptado por los Toczek, padecía una enfermedad terminal que le impedía a su hígado cumplir su función de ayudar a digerir los alimentos, almacenar energía y eliminar toxinas, por lo que necesitaba un trasplante con urgencia.
Fisher se enteró del caso de Ezra a través de Facebook, donde la familia buscaba un donante vivo compatible. «Honestamente, cuando vi aquel mensaje, pensé: "Él es uno de mis niños y necesita ayuda"», cuenta Fisher. Y agregó: «No lo pensé dos veces y me dije: "Voy a hacer esto. Si tengo los medios para ayudarlo, lo haré"».
Sin dudarlo, la joven maestra se sometió a exámenes médicos para determinar si era compatible. Tras dos meses de pruebas, los médicos confirmaron que Fisher era una donante adecuada. El procedimiento implicaba extraer el 30% del hígado de Fisher para implantarlo en Ezra. La doctora Jennifer Vittorio, directora médica del Programa de Trasplantes del Hospital Infantil Hassenfeld de NYU Langone, explicó que, aunque existían riesgos, el pronóstico era esperanzador debido a la juventud y salud de Fisher.
La cirugía se llevó a cabo en agosto de 2024. Fisher estuvo en cuidados intensivos durante dos días, luego una semana en el piso de trasplantes y finalmente un mes en Nueva York para seguimiento médico. Por su parte, Ezra está respondiendo bien y promete estar en completa salud pronto. La decisión de Fisher ha impactado a su familia y a la comunidad. Tanto la familia de Ezra como la de Fisher llevaron a cabo campañas de recaudación de fondos para cubrir los gastos médicos y de estadía en Nueva York.
A pesar de los riesgos, Fisher fue decidida y valiente. «No le tuve miedo a la cirugía. Estaba lista», afirmó. «Definitivamente, mi mamá pensaba que yo estaba loca por hacer esto. Pero le decía que no iba a detenerme. Si fuera yo, me gustaría que alguien hiciera exactamente lo mismo por mí», dijo.
La generosidad y el altruismo de esta joven maestra encaja bien en lo dicho por el señor Jesús: «No hay mayor amor que dar la vida por los amigos». Y Jesús hizo precisamente eso por nosotros: dio su vida para que viviéramos por la eternidad. Su amor engendra amor en nosotros, y es así como podemos hacer lo que hizo Clarissa. ¿Quisiéramos dar nuestra sangre u órganos para que otros vivan?