Hoy
Un héroe en la cárcel
Menores · Del libro Heroes o Villanos
Un héroe en la cárcel «Te pido un favor para mi hijo Onésimo, de quien he llegado a ser padre según la fe aquí en la cárcel» (Filemón 1: 10).
Platicando con Dennis Perry una vez, le pregunté sobre Philip y Maureen Vaki y me contó su historia. Todo comenzó cuando Dennis era gerente de ventas y marketing de la división de exportación de Sanitarium Health Food Company, una fábrica de alimentos operada por la Iglesia adventista y con gran presencia en todo el Pacífico Sur. Maureen trabajaba para una empresa en Port Moresby que Dennis contrató para comercializar los productos. Solía salir con ella para revisar el trabajo que estaba haciendo cuando estaba en Papúa.
Maureen no era adventista en ese momento. «Le di El camino a Cristo y varios ejemplares de la revista Señales de los tiempos, y muchos de los libros de Elena G. de White. El Espíritu Santo trabajó en su corazón y aceptó la verdad. Ella era testigo de Jehová», me dijo Dennis. Maureen le contó que su esposo estaba en prisión de por vida por asesinato. Uno de esos días, Dennis hizo arreglos para ir con Maureen a visitarlo en Bomana. «Philip era malvado», dice Dennis, pero durante 14 años lo visitó y compartió a Jesús con él.
Entonces, ocurrieron dos cosas asombrosas. Primero, Philip aceptó a Jesús como su salvador y se bautizó; y, en segundo lugar, a pesar de los crímenes cometidos, logró salir de la cárcel. Dios tenía un ministerio especial para ellos y usó a Dennis como conducto. «Son la pareja más inspiradora y dedicada al servicio de los demás que he conocido. Le dieron a Dios el mejor regalo que podían darle: se entregaron a sí mismos las 24 horas, los 7 días de la semana», afirma Dennis.
Ahora, al frente de OFFL en Papúa, Philip visita frecuentemente la penitenciaría donde estuvo tanto tiempo y fue tocado por Dios. Las visitas son oportunidades para ministrar a los internos de varias formas, tanto en el campo material como espiritual. En una ocasión, trajeron ventiladores de techo para que los internos pudieran estar mejor en las celdas. Además, cada vez que los visitan llevan abundancia de comida, lo que marca un feliz contraste con la magra dieta que reciben en la penitenciaría.
Pablo cuenta en su carta a Filemón su experiencia con Onésimo, un esclavo fugitivo que vino a visitarlo a la cárcel en Roma. Pablo lo ministró y se convirtió. «Ahora», dice a Filemón, <a ti y a mí nos es útil. ¿Cuántos más que podrían ser útiles a Dios esperan que los visitemos en las cárceles?