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Versículo:«Pero Jesús les habló, diciéndoles: "¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!"» (Mateo 14: 27).
Todos esos días ahí en el bote oraban como grupo y celebraban cultos a Dios. El viernes de la semana que se hicieron a la mar, cuarto día de naufragio, Sophie dirigió el culto en la lancha; lo mismo sucedió el sábado, al día siguiente. Sophie hizo énfasis en algo que ella creía que era importante que el grupo aceptara. Su mensaje fue: «En momentos así, debemos confiar en Dios».
Ese mismo día pudieron ver algunas islas diminutas a la distancia. La paz y la tranquilidad inundaron sus corazones; Dios estaba al control y les estaba mostrando su misericordia. A medida que el mar los aventaba más y más hacia el occidente, llegaron cerca de una isla que resultó ser la costa oriental de Lorengau Town, en Manus. Con mucho esfuerzo y no menos gozo lograron llegar a la playa tras cinco días de naufragio sin que se perdiera vida alguna. Dios fue bueno con el grupo.
Al pisar tierra y contar su experiencia, la gente de Lorengau les brindó apoyo. Pronto, la Agencia de Rescate y Asistencia en Desastres de la provincia de Manus se hizo cargo de ellos y los ayudó a conseguir transporte para que regresaran a Kavieng, su isla de origen.
«Fue algo tremendo e inquietante para mí escuchar esta historia de los labios de mi novia cuando se comunicó conmigo», dijo Jonah, agregando: «¡Y pensar que ella, su mamá y esas personas naufragaron cinco días en el océano sin agua y alimento! ¡Las noches debieron haber sido frías y, encima de eso, los fuertes vientos de la noche son de temer!».
La lancha con los náufragos desembarcó en Lorengau el 30 de octubre de 2021. La boda estaba planeada para el 5 de diciembre de ese mismo año. «Pudo haber sido desastroso, especialmente para mí, siendo que la boda estaba tan cerca y los arreglos estaban muy encaminados», dijo Jonah con un dejo de angustia. «Me da no sé qué pensar que mi novia se pudo haber perdido en el océano sin que nuestra boda se consumara».
En medio de nuestras luchas, no debemos asumir que estamos solos, como no lo estaban los discípulos cuando la tormenta los ahogaba a medio lago. El Señor ve lo que estamos viviendo, camina con nosotros en la tempestad y provee vías de escape para soportar las pruebas de la vida. Él nos hace recordar sus promesas cuando más lo necesitamos. Dios es bueno y misericordioso y no debemos olvidarlo, no importa cuán duro ruja el turbión.