Devocionales Matutinos

Prejuicios

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

La mujer samaritana le contesta: «¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Y te atreves a pedirme de beber a mí que soy samaritana?» (Es que los judíos y los samaritanos no se trataban), Juan 4: 9.

PODEMOS DECIR QUE UN PREJUICIO es una opinión adversa, o un juicio formado sin fundamentos o suficiente conocimiento de causa. Los prejuicios pueden conducir a una actitud irracional de hostilidad contra un individuo, grupo, color de piel o sus supuestas características. ¡Con cuánta frecuencia enfrentamos verdaderos prejuicios debido a nuestro género, origen étnico, nuestra religión y otros asuntos relativos, dentro y fuera de la iglesia!

¿Cómo soluciona Dios el problema de los prejuicios? Sabemos que Miriam y Aarón criticaron a Moisés porque su esposa era etíope, además de que tuvieron celos de la autoridad de su hermano. Dios mismo se encargó de los prejuicios y celos demostrados contra su siervo y enfermó a Miriam de lepra. Moisés tuvo que orar para que cediera su enfermedad (lee Números 12: 1-5).

Jesús no quería que las mujeres soportaran los prejuicios de su época como ciudadanas de segunda clase. Tampoco quería que alguien se sintiera tan santurrón y embebido en las costumbres, que no pudiera concebir que el sábado es un día para hacer el bien. Así que un sábado fue a la sinagoga a ver a una mujer «a la que un espíritu maligno tenía enferma desde hacía dieciocho años. Se había quedado encorvada y era absolutamente incapaz de enderezarse» (Lucas 13: 11). Ese día la sanó, para escándalo y críticas de los fariseos.

Piensa por un momento en la samaritana que Jesús conoció en el pozo. A ella le sorprendió el trato sin prejuicios que recibió de un judío. Exclamó: «¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Y te atreves a pedirme de beber a mí que soy samaritana?» (Juan 4:9). Jesús se identificó ante ella como la Fuente de agua de vida y la solicitó.

La misión de Cristo en la tierra fue derribar todas las barreras, incluida la de los prejuicios, para liberar a los oprimidos. ¿No querríamos ser socias de la misma misión, al esforzarnos por destruir las barreras de los prejuicios en nuestras vidas y las de quienes conocemos? Nuestro Dios amante, que odia los prejuicios, nos ayudará a esparcir su amor incondicional. Así que hagamos un compromiso con él. ¡La victoria ya es nuestra!

Shirnet Wellington

Devocionales del Domingo, 14 de mayo de 2017 ›