Devocionales Matutinos

Un Centavo por Tus Pensamientos

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

Cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: «¡Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido!», Lucas 15:9.

¿HAS PENSADO EN EL VALOR DE UN CENTAVO? Cuando era d niña, me sentía muy rica cuando me daban cinco centavos para gastar. En el mostrador de caramelos, me tomaría largo tiempo decidirme por cuál de los caramelos de diez por un centavo escogería, para entonces tomar una de mis preciosas monedas de un centavo. Cuando eras pequeña, ¿alguna vez cantaste «Oigan las monedas, óiganlas caer, todas para Cristo, él lo va a saber», mientras depositabas tus monedas una por una en el cesto de la ofrenda?

Ya he superado mis «días de a centavo», pero nunca olvidé el valor de una moneda. Con frecuencia veo monedas de un centavo en la calle y las recojo. Parece que son las monedas que más frecuentemente se caen. Es raro el día cuando no encuentro por lo menos una. La encuentro en las canaletas, lodazales, adheridas al asfalto, incluso en el césped.

Encuentro todo tipo de centavos, muy antiguos y nuevos muy brillantes, doblados o aplanados, con pintura, algunos casi irreconocibles de tanto maltrato. Algunos son de color plateado hechos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero sin importar su condición, todas tienen grabada la leyenda «En Dios confiamos» en el anverso y «Estados Unidos de América» en el reverso. Cierto día en que estaba contando y envolviendo centavos, pensé, ¿por qué la gente no se ocupa de los centavos? ¿Por qué fácilmente los desechan? He obtenido dólares al recolectarlos y cambiarlos en el banco. A este no le importa el estado en que se encuentran, los clasifican y colocan los dañados en un recipiente especial y hacen nuevos centavos. Esto me hizo pensar en una alegoría.

Todas somos como centavos, abandonados, perdidos y frecuentemente desechados. Dios nos creó y estampó en nosotros su carácter, para ser usado en su servicio. Satanás decidió estropear el plan de Dios abusando de nosotros, desfigurándonos y lanzándonos al lodazal del pecado, como si fuéramos inútiles. Pero Dios nos ve cuando estamos tiradas en la calle, pegadas al asfalto o lanzadas al barro. Nos ve abandonadas, manchadas con la pintura de las drogas, el alcohol y el pecado, prácticamente irreconocibles. Él ve nuestro valor aunque estemos deformadas por el pecado. Pero nosotros no podemos autolevantarnos. Así que Dios nos recoge y nos limpia, pule y restaura a su plan original, para que estemos brillantes de nuevo.

Frances Osborne Morford

Devocionales del Sábado, 9 de diciembre de 2017 ›