Devocionales Matutinos

Terapia de Tetera

Mujeres · Del libro Santuario

Versículo:

Tú creaste mis entrañas, en el seno de mi madre me tejiste. Te alabo, pues me sombran tus portentos, son tus obras prodigiosas, Salmos 139: 13, 14.

SI ME CONOCIERAS, pensarías que soy algo extraña. Tengo costras en las puntas de mis orejas y llevo conmigo una tetera de metal, cuando camino alrededor del lago. Si pudieras leer mi mente dirías que he estado pensando mucho en codos. Las costras, la tetera y los codos, todos están relacionados.

Hace cuatro semanas me disloqué el codo derecho y me golpeé la cabeza del radio, un hueso del antebrazo.

-Madre -me dijo mi hijo, fisioterapeuta, cuando se lo comenté por teléfono-, eso es muy doloroso y tú eres diestra, necesitarás muchas sesiones de terapia.

Al siguiente día, un cirujano ortopédico confirmó su opinión.

-Es una lesión muy seria. Incluso después de la cirugía, es posible que ya no recobre la movilidad total.

Pensé en codos durante once días mientras usaba una escayola; escribía despacio, me chamusqué las puntas de las orejas mientras intentaba rizar mi pelo con la mano izquierda y agradecía una amiga que sirvió la cena de Acción de Gracias, que yo pude comer con cuchara.

Si yo había pensado previamente en codos, los veía solo como una articulación útil. Cuando me quitaron la escayola, me di cuenta que los codos son maravillosos. Cuando no podía llevarme la cuchara a la boca, pensé que los codos se hicieron para curvarse. Cuando, con mucho dolor, colocaba los platos en la lavaplatos, uno por uno en la bandeja, pensé en que los codos pueden ser elásticos. Cuando en vano trate de utilizar un abrelatas, me di cuenta que los codos ayudan a torcer la muñeca. Doblar, alargarme, rotar, lavarme el cabello, presionar el control para abrir el garaje, dar vuelta a la llave. Casi cada movimiento me recuerda que nuestro cuerpo funciona en formas maravillosas.

¿La tetera? El fisioterapeuta me ha dicho que necesito ejercitarme «obsesivamente». En la iglesia obligo a mi mano a que rote, en casa hago ejercicio y masajeo las cicatrices. Cuando camino, cargo algo con peso, una tetera es lo ideal para ayudar a que mi brazo se enderece.

Ya puedo hacer mucho más. Agradezco a los médicos y a los terapeutas, pero me atemoriza el hecho de que nuestros cuerpos sanen, que tenga cicatrices en las orejas, que incisiones dolorosas se conviertan en pequeñas irritaciones, que algo de movimiento regrese. Sí, estamos hechas maravillosamente.

Denise Dick Herr

Devocionales del Lunes, 11 de diciembre de 2017 ›