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Versículo:Les daré un corazón nuevo y derramaré un espíritu nuevo en medio de ustedes; les arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, Ezequiel 36:26.
JUSTO HABÍA REGRESADO de un maravilloso fin de semana que había pasado con unos amigos, a 145 kilómetros de distancia. Cuando regresamos, regocijándonos de que Dios nos había llevado y devuelto a salvo, descubrí que accidentalmente había dejado mi bolso. Desafortunadamente tenía que regresar para recuperarlo, había muchos documentos importantes en ese bolso.
En el camino, un auto inesperado, salió de un camino lateral y vino hacia mí. Di un viraje, pisé el freno y maniobré para evitar un accidente. Deseaba tocar la bocina lo más fuerte posible o gritarle. Pero el intento de evitar un incidente como ese y no aumentar las estadísticas en la carretera, hizo que permaneciera quieta. Era como si Dios me hubiera susurrado en medio de la tensión del momento: «No es por ti». Orando me di cuenta que si no era por mí o por el conductor descuidado, entonces era, como siempre ha sido, por él y por cómo podemos reflejar su gloria en todo lo que hacemos.
Con frecuencia podemos ser muy demandantes, egoístas, tan controladoras que olvidamos la más básica cortesía por concentrarnos en nosotras mismas e ir delante de otros. Me doy cuenta de cuán agradable sería utilizar la casi olvidada palabra «por favor», seguida de un sincero «gracias». Sé que sería más respetuoso decir «Por favor, ¿podría hacer algo?» en vez de solamente decir que se haga. Sé que mientras algunas de nuestras peticiones no son una carga pesada, el tono que usamos puede ser tan gravoso que provoque irritación en lugar de posible ayuda.
Tenemos que hacer a un lado el yo, porque verdaderamente no es por nosotras. Más bien lo importante es el esfuerzo de humildad que logremos con su ayuda. El demonio está buscando utilizar cualquier cosa, un casi accidente, el estruendo de una bocina, un tono de impaciencia, para alejarnos de las cosas importantes.
«Dios Padre, dame por favor un nuevo corazón. Gracias por ayudarme a darme cuenta de que no es por mí. Es por ti, querido Dios, y desplegar tu gloria en todo lo que haga.»
Geneva Gwendolyn Taylor