Devocionales Matutinos

¿No Es una Bendición?

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Versículo:

Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas noticias a toda criatura (Marcos 16:15).

Con siete años participaba de las visitas a familias y personas interesadas en estudiar la Biblia. Mi padre iba en una bicicleta grande y llevaba a mi madre quien, a su vez, llevaba en sus brazos a mi hermanita menor. Yo iba en mi bicicleta azul y llevaba a mi otra hermana.

Con interés y reverencia escuchábamos las historias infantiles y los relatos bíblicos. En las ocasiones en que distribuíamos folletos, como por ejemplo el día de los muertos, yo salía alegremente con mi madre por los cementerios, acercándome a las personas enlutadas que lloraban sobre las tumbas.

Un día, mis hermanas y yo, con once, nueve y ocho años, estábamos vendiendo revistas en Mogi das Cruzes, cuando encontramos a la amable doña Cida, gerente de una boutique. Atenta a nuestra presentación, preguntó si éramos religiosas y si podíamos orar por ella. No solo oramos por ella, sino que también le ofrecimos estudios bíblicos.

Llegamos a casa eufóricas, contándole las novedades a nuestros padres. Muy pronto la visitaron e iniciaron los estudios bíblicos con ella y sus cuatro hijas adolescentes: Lucy Mara, Jacqueline, Sandra y Roberta. Finalmente, las cinco fueron bautizadas.

Hace casi diez años, mi padre fue diagnosticado con linfoma de Hodgkin. Como familia nos involucramos en una maratón de tratamientos e internaciones. Pero cada vez que esperaban en las salas de espera o durante las sesiones de quimioterapia y radioterapia, mis padres distribuían libros, CD o DVD.

En los largos meses de internación, cientos y cientos de libros y materiales fueron distribuidos a médicos, enfermeros y funcionarios de los hospitales. Cajas y cajas eran repartidas. Y, cuando llamábamos para saber cómo estaban, nos decían: "los libros y los materiales se están terminando".

Cierto día, durante la última internación de más de un mes, yo estaba durmiendo en el hospital mientras mi esposo llevaba a mi madre a descansar. Le preguntó a mi madre cómo había sido el día de mi padre. Ella respondió: "¿No es una bendición, Gilson? ¡Esta vez fue cambiado a otras habitaciones y a tres pisos distintos, y nadie salió de su habitación sin llevarse un libro de esperanza!".

¡Si! Es una bendición ser participantes de la misión del Señor. Eso fortalece nuestro anhelo de estar muy pronto en el hogar eterno que Dios nos preparó.

¡Que el fuego del Espíritu Santo encienda tu deseo de estar involucrada en la obra para concluir la predicación del evangelio! ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

Devocionales del Viernes, 4 de septiembre de 2026 ›