Devocionales Matutinos

Maniobras Arriesgadas de una Madre Piadosa

Hoy

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Versículo:

Hijo mío, escúchame bien y haz lo que te mando (Génesis 27:8).

Rebeca es mencionada como una de las mujeres más atrayentes de la Biblia. Pureza, belleza, amabilidad, hospitalidad, responsabilidad son adjetivos que la describen. Elegida como la esposa de Isaac, tuvo mucho coraje y fe para salir de su ambiente familiar y de cerca de sus amigos, partiendo a lo desconocido a encontrarse con un esposo desconocido, el cual ella creía que le había sido dado por Dios.

El casamiento monogámico de Isaac y Rebeca está marcado por el romanticismo y el afecto. Como era estéril, Rebeca fue el motivo de las constantes oraciones de Isaac, hasta que, años más tarde, Dios la hizo madre de los mellizos Esaú y Jacob. Aun cuando Dios había prometido que Jacob recibiría la bendición de la primogenitura, Isaac seguía teniendo la intención de dársela a Esaú. Rebeca sabía que su hijo favorito debía recibirla y que Esaú era indiferente a sus obligaciones espirituales.

Isaac, envejecido y ciego, temiendo morir pronto, decidió conceder la bendición al primogénito, en secreto. Le pidió a Esaú que cazara algo para hacerle un guisado sabroso y, enseguida, recibir la bendición. Rebeca, convencida de que esto contrariaba los propósitos divinos, en vano había intentado argumentar con Isaac. Así que tomó el caso en sus propias manos. Ni bien Esaú salió al campo, Rebeca le explicó a Jacob lo que había sucedido y le propuso un plan. Jacob se sintió angustiado con la idea de engañar a su propio padre, pero terminó obteniendo, por medio del fraude, la codiciada bendición.

Rebeca, en lugar de confiar en Dios, en cuyas manos están todos los acontecimientos de la vida, "manifestó su falta de fe al convencer a Jacob de que había que engañar a su padre. La conducta del joven en este asunto no recibió la aprobación de Dios. Rebeca y Jacob deberían haber esperado que el Señor llevara a cabo sus propósitos a su manera y a su tiempo, en lugar de tratar de cumplir la profecía valiéndose de una mentira" (Elena de White, La historia de la redención, pág. 90).

Aun cuando madre e hijo habían sido exitosos en su propósito, amargos recuerdos marcaron los siguientes años de la vida de Rebeca. Por el insensato consejo dado a su hijo, nunca más volvieron a verse porque Jacob tuvo que huir de la furia de su hermano.

Cuando Dios promete algo, cumple, no importan las circunstancias. Que las maniobras de Rebeca para la realización de los planos de Dios te sirvan de advertencia cuando intentes justificar acciones equivocadas que excluyan la confianza en Dios. Lo mejor es esperar siempre los tiempos de Dios.

Devocionales del Sábado, 3 de octubre de 2026 ›