Devocionales Matutinos

¿Qué Buscamos en el Templo?

Hoy

Mujeres · Del libro Sublime Belleza

Versículo:

Yo me alegré con los que me dijeron: Vamos a la casa del Señor (Salmos 122:1).

La Pascua de los judíos estaba llegando, y Jesús subió a Jerusalén. Durante esa semana, la ciudad se llenaba de personas que venían de afuera.

¿Todos conmemoraban la Pascua con sinceridad? Había diversas intenciones en la numerosa multitud alrededor del Templo.

Muchos, que habían venido de lejos, no habían llevado sus ofrendas. Así, el patio exterior se había transformado en un mercado de animales. El fraude y la extorsión dominaban el cambio obligatorio del dinero por el siclo del Templo, y rendían grandes réditos a los sacerdotes con los cuales los comerciantes compartían sus ganancias.

Gritos, regateos, mugidos, balidos y arrullos definían la confusión y perturbaban las oraciones y los servicios ofrecidos a Dios. Los líderes se enorgullecían de su piedad y de sus rigurosas ceremonias. El amor al dinero, en cambio, echaba todo eso a perder.

En el Templo también estaban los necesitados, afligidos, ciegos, cojos y sordos. Algunos eran tan pobres que ni siquiera tenían lo suficiente para comprar su propio alimento, y menos aún para adquirir la más pequeña ofrenda. ¿Cómo podrían ser aceptados por Dios?

Ante ese escenario, con autoridad y poder, indignado, Jesús irguió el azote y, derribando mesas, ordenó que los vendedores sacaran todo de allí y salieran. Los oficiales del Templo, sacerdotes, corredores y comerciantes de ganado, con sus animales, huyeron atemorizados.

"Los atrios del templo de Jerusalén, llenos del tumulto de un tráfico profano, representaban con demasiada exactitud el templo del corazón [...]. Al limpiar el templo de los compradores y vendedores mundanos, Jesús anunció su misión de limpiar el corazón de la contaminación del pecado: de los deseos terrenales, de las concupiscencias egoístas, de los malos hábitos, los cuales corrompen el alma" (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, págs. 132, 133).

Cuando los sacerdotes y vendedores volvieron al Templo, vieron a aquellos que se sentían ajenos al favor del Templo alrededor de Jesús, que permanecía compasivo y tierno. ¿Qué habían ido a hacer en el Templo esas personas ese día? ¿Buscar a Dios? ¿Ser perdonados? ¿Obtener ganancias? ¿Buscar milagros? ¿Cumplir con los rituales formales y vacíos? ¿Encontrar amigos? ¿Será que todos volvieron satisfechos?

¿Qué buscas en el templo? Estar allí no te hace cristiana. Ve al templo para fortalecer tu dependencia de Dios, permitiendo que su voluntad se cumpla en ti. Así jamás volverás vacía.

Devocionales del Domingo, 11 de octubre de 2026 ›