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Versículo:Que el débil diga: «Yo soy fuerte», Joel 3: 10.
*Necesitarás un palillo, un clavo y un trozo de hilo.
Samuel era un niño cristiano. Amaba a Dios pero tenía una debilidad: sus vecinos siempre lo convencían deportarse mal.
La mamá de Samuel comenzó a notar que mentía y decía palabras inapropiadas, como las de sus amigos. Así que un día decidió hablar con él.
-Recuerda que tú eres un niño diferente, porque conoces a Dios. Tú tienes que influir en ellos para que sean buenos.
-¡Pero es muy difícil! –respondió Samuel-. Se burlarían de mí.
-Tienes que pedir a Jesús que te ayude -concluyó la mamá.
Ese día, Samuel pidió a Jesús su compañía y fortaleza, para que la siguiente vez que sus amigos dijeran malas palabras o mintieran, él no los imitara, sino que pudiera hablar con ellos para que cambiaran.
¿Te ha pasado lo mismo? Nosotros somos como este palillo (muestre el palillo), débiles y frágiles (rompa un pedazo del palillo). Satanás utiliza a los malos amigos para que influyan en nosotros y así desobedezcamos a Dios. Pero si pedimos ayuda a Jesús, que es como este clavo (muestre el clavo), fuerte y poderoso, él nos ayudará, nos acompañará siempre (ate el clavo al palillo), y así no cederemos ante las tentaciones, porque Dios nos dará la fuerza para vencer (trate de romper el clavo).
Recuerda que la clave es pedirle a Jesús que esté contigo.
HABLA CON DIOS
Querido Jesús, acompáñame siempre y hazme fuerte como tú, amén.