Devocionales Matutinos

Cierra los Labios y Domina Tu Lengua

Adolescentes 2 · Del libro Y Entonces?

Versículo:

«Quien quiera amar la vida y pasar días felices, cuíde su lengua de hablar mal y sus labios de decir mentiras» (1 Pedro 3: 10).

A menudo, las pequeñas cosas de la vida son las que nos meten en problemas. Según Santiago 3, la lengua es uno de esos pequeños generadores de inconvenientes. A veces no medimos lo que decimos con ella, y causamos grandes aprietos. La lengua puede parecer pequeña, pero es difícil de dominar: «El hombre es capaz de dominar toda clase de fieras, de aves, de serpientes y de animales del mar, y los ha dominado; pero nadie ha podido dominar la lengua. Es un mal que no se deja dominar y que está lleno de veneno mortal» (Santiago 3: 7-8).

Santiago explica sabiamente el efecto que tienen las palabras que escapan de nuestra lengua: «Cuando ponemos freno en la boca a los caballos para que nos obedezcan, controlamos todo su cuerpo. Y fíjense también en los barcos: aunque son tan grandes y los vientos que los empujan son fuertes, los pilotos, con un pequeño timón, los guían por donde quieren. Lo mismo pasa con la lengua; es una parte muy pequeña del cuerpo, pero es capaz de grandes cosas. ¡Qué bosque tan grande puede quemarse por causa de un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego. Es un mundo de maldad puesto en nuestro cuerpo, que contamina a toda la persona. Está encendida por el infierno mismo, y a su vez hace arder todo el curso de la vida» (versículos 3-6).

Si estás listo para emprender la gran tarea de dominar tu pequeña lengua, he aquí el primer paso: piensa bien antes de hablar. Entrénate para reflexionar un momentito antes de que las palabras escapen de tu boca. Cuando sientas la necesidad de atacar a alguien con rabia, cierra los labios y cuenta hasta diez. Respira hondo y cálmate antes de soltar una palabra. Si estás tratando de vencer el hábito de decir malas palabras, establece una multa (como apartar cierta cantidad de dinero para una obra de caridad cada vez que uses una palabrota). Si te estás muriendo por enviar un correo electrónico o mensaje de texto desagradable, ¡espera! Espera unas horas o, mejor aún, espera al día siguiente. Permite que tu lengua se enfríe antes de dejar que las palabras vuelen.

Dominar tu lengua no es un simple consejo. Es un elemento fundamental para una vida espiritual sana: «Si alguno cree ser religioso, pero no sabe poner freno a su lengua, se engaña a sí mismo y su religión no sirve de nada» (Santiago 1: 26).

Ponlo en práctica: Frena tus ímpetus, respira profundamente y piensa antes de hablar.

Ponlo en oración: Pide perdón por las cosas que has dicho sin pensar, y ayuda para dominar tu lengua.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018

¿Y entonces…?

Heather Quintana

Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

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Devocionales del Jueves, 15 de marzo de 2018 ›