Devocionales Matutinos

A las Puertas de la Muerte

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios

Versículo:

«Yo he escuchado tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte» (2 Reyes 20: 5).

El cuarto día de nuestra luna de miel, estuve a punto de ver morir a mi esposo. Estábamos haciendo submarinismo en un arrecife de coral cuando Greg comenzó a gritar bajo el agua. Me di la vuelta para mirarle y estaba agitándose como un trastornado, tirando las aletas y las gafas de buceo, moviendo los brazos frenéticamente. Y entonces los vi; unos pequeños tentáculos estaban pegados a su piel, como si fueran brasas de una hoguera. Había sido atacado por una carabela portuguesa.

Nadamos inmediatamente hasta la orilla y lo llevamos a la recepción del hotel, donde llamaron a un médico. Yo intenté, mediante gestos, explicarle al recepcionista que le había picado una medusa, pero el hombre solo hablaba francés y no me entendía. Greg comenzó a temblar, después sufrió espasmos, convulsionó incontrolablemente una y otra vez, dijo que podía sentir el veneno subiéndole por el brazo hasta el pecho y entonces añadió que le dolía el corazón. Yo nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Pensé que quizás aquellos eran los últimos momentos de mi esposo con vida. Recuerdo que ninguno de los dos dijo gran cosa. ¿Qué se puede decir cuando uno está a las puertas de la muerte?

Ezequías supo exactamente qué decir cuando se encontró a las puertas de la muerte. Dios había enviado al profeta Isaías para que le dijera que pusiera su casa en orden porque iba a morir. Inmediatamente Ezequías dijo: «Yo te suplico, Señor, que te acuerdes de cómo te he servido fiel y sinceramente, haciendo lo que te agrada» (2 Reyes 20: 3). Antes de que Isaías se hubiera ido del palacio, Dios lo envió a darle otro mensaje al rey. Ezequías viviría quince años más. Dios hizo el milagro y el rey vivió. Afortunadamente también mi esposo sobrevivió, gracias a que el doctor le administró unas inyecciones.

Muchas personas a lo largo de la historia le han pedido a Dios que las curara o les prolongara la vida. A veces él dijo que sí, a veces que no. No sé por qué Dios decide conceder esa petición o no, lo único que sé es que tiene el poder de curar y que escucha nuestras oraciones. Él es fiel a su pueblo aunque a veces a nosotros nos pueda parecer que no. Pídele a Jesús que te ayude a confiar en él tanto cuando te concede lo que quieres como cuando no.

MH            

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Devocionales del Viernes, 14 de abril de 2017 ›