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Versículo:«No hubo ningún rey, ni antes ni después de él, que como él se volviera al Señor con todo su corazón y con toda su alma y con todas sus fuerzas, conforme a la ley de Moisés» (2 Reyes 23: 25).
No existe en el mundo una persona con peor sentido de la orientación que mi madre. La pobre no podría entender un mapa ni aunque su vida dependiera de ello. Se pierde en la ciudad en la que lleva veinte años viviendo; una simple señal de desvío le puede causar pánico y cualquier tipo de obras en la calzada hace que se eche a la derecha, al arcén, hiperventilando.
Yo tenía cinco años cuando me di cuenta. Mi madre estaba llevando a mi amigo Mat a su casa después de la escuela y cuando llegamos a su vecindario, vimos que había varias calles bloqueadas por obras. A mi madre casi le da un infarto. Pero Mat señaló una calle estrecha y abandonada y dijo: «A veces mi papá va por aquí en vez de usar la carretera principal». Perdida y muerta de miedo, a mi madre no le quedó más remedio que confiar en que un niño de cinco años le dijera qué camino tomar. Aquella calle estrecha y abandonada nos llevó directamente a la casa de Mat.
A veces no es mala idea confiar en un niño. El rey Josías tenía ocho años cuando se convirtió en el rey de Judá, pero hizo uno de los descubrimientos más importantes de su época. Dio la orden de restaurar el templo, y en la restauración los sacerdotes encontraron el Libro de la ley. Cuando se lo leyeron a Josías, se rasgó las vestiduras porque se dio cuenta de que su pueblo no había guardado los mandamientos como habían prometido años atrás. Se habían apartado tanto del Señor que ni siquiera conocían su ley. Así que Josías reunió a los líderes, les leyó la ley y renovó la promesa que habían hecho sus antepasados a Dios. Mandó derribar los altares a los ídolos y se libró de los espiritistas. La Biblia dice que ningún otro rey se volvió a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza como lo hizo Josías.
Nunca se es demasiado joven como para no distinguir entre el bien y el mal. Tú no eres tan pequeño que no puedas llevar a otros en la dirección correcta. Si hay alguien en tu vida que se dirige al desastre, pídele a Jesús que te permita ayudarlo para que encuentre el camino. Nunca eres demasiado joven ni demasiado viejo como para no poder volverte al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza.
MH
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