NO DEJES DE CONFIAR EN JESÚS

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tu y Dios

«Si ahora callas y no dices nada, la liberación de los judíos vendrá de otra parte, pero tú y la familia de tu padre morirán» (Ester 4: 14).

Cuando finalmente tomé la decisión de ir, faltaban solo tres semanas para el viaje y necesitaba tres mil dólares. Yo sentía que Dios me llamaba a ser misionero en la pequeña y poblada isla de Ebeye, en las islas Marshall. Y como recientemente habían perdido a un maestro, no tenía tiempo que perder. Todo el mundo me decía que mi plan era una locura, que era imposible conseguir tanto dinero en tan poco tiempo, incluso aunque escribiera a todo el mundo que conocía para pedirles ayuda. Pero yo estaba tranquila. De algún modo sabía que aquel era el plan de Dios para mí.

Dos semanas pasaron y seguía sin dinero, así que varias personas me dijeron que olvidara aquella idea. Yo no sabía cómo explicarles por qué no podía olvidarla; lo único que les decía era que yo sabía que Dios abriría un camino. Y así fue. Apenas unos días antes de la fecha del viaje, un hombre que asistía a la Escuela Sabática de mis padres, ya quien yo ni siquiera conocía, decidió transferir a mi nombre las millas de viajero frecuente que tenía. Y así fue como me vi sentada en un avión, sobrevolando el mar.

Cuando Dios dice que va a abrir un camino, eso quiere decir que va a abrir un camino. Los judíos que vivían en Persia en los tiempos de la reina Ester habían sido infieles al Señor, pero sabían que Dios no sería infiel a ellos. Dios había prometido que los llevaría de nuevo a su tierra, así que cuando el rey Jerjes, convencido por Amán, redactó el decreto para matar a todos los judíos de Persia, el tío de Ester, Mardoqueo, no se rindió. Muchos habrían creído que aquel era el fin, pero sabemos que Mardoqueo no, por lo que dice en el versículo de hoy. Él intentó convencer a Ester de que los ayudara, le dijo que si ella no los ayudaba, la ayuda vendría de otro lugar. Mardoqueo no sabía explicar cómo, ni cuándo, mide dónde llegaría la ayuda, pero sabía que Dios los salvaría porque es fiel a sus promesas.

Dios sigue siendo fiel. Simplemente porque no intervenga de la manera que tú esperas no significa que no sea fiel. Así que no te descorazones; su ayuda llegará de un lugar o de otro, en formas que ni siquiera imaginas. Simplemente confía en Jesús.

MH

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