Devocionales Matutinos

El Secuestro

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tú y Dios

Versículo:

«Daniel se propuso no contaminarse» (Daniel 1: 8).

Iban con la cabeza cubierta, chaquetas negras y guantes. Rodearon a mi amigo Jeff, lo tiraron al suelo y le pusieron una capucha. A empujones, lo arrastraron hasta el maletero de un auto y salieron a toda velocidad. Jeff se iba dando golpes contra el maletero cada vez que el auto giraba en una curva. Al fin se detuvieron abruptamente. El maletero se abrió y Jef fue conducido con dureza a un edificio. Subieron unas cuantas escaleras y entonces le quitaron la capucha. Delante de él estaban sus amigos y familiares, cantándole cumpleaños feliz ante las velas y los globos. Pensábamos que una manera de hacerle sentir bien sería llevarle a reflexionar que había cumplido un año más y todavía gozaba de su libertad.

El secuestro de Jef no había sido real, pero el pobre Daniel no tuvo esa misma suerte cuando fue llevado al exilio. Sabemos de Daniel que era de familia real o de la nobleza, así que seguramente estaba acostumbrado a que cuidaran de él, no a caminar por el desierto hacia Babilonia, probablemente encadenado, recibiendo azotes, amordazado, con dolor de piernas y con lágrimas rodando por sus mejillas al acordarse de todo lo que había perdido. Había sido arrancado de su tierra, de sus familiares y amigos, y del templo. Posiblemente había muerto bastante gente delante de sus ojos. Imagínate la tristeza y la desesperación que habrías sentido tú si fueras obligado de esa forma tan traumática al exilio. Imagínate darte cuenta de que ese va ser tu destino el resto de tu vida. Tal vez hubieras deseado morir y hubieras perdido la esperanza. Pero cuando otros se rindieron, Daniel mostró renovadas energías, valor y fuerza de carácter, así como fe en Dios. Desde el comienzo decidió no contaminarse ni deshonrar a Dios, costara lo que costara. Oró, mantuvo su fe y como resultado, al final de su vida era una leyenda viviente. Dios lo bendijo y dijo de él que era un hombre a quien amaba (Daniel 10: 11). Este adolescente cautivo cambió la historia de toda una nación.

Cuando las cosas se ponen difíciles y te sientes tentado a rendirte, acuérdate de Daniel. En vez de permitir que el desaliento y la duda te derroten, vuélvete a Dios y pídele valor para superar la tristeza. Decide andar en sus caminos sea cual sea el costo.

GH

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Devocionales del Miércoles, 12 de julio de 2017 ›