Devocionales Matutinos

Dos Jardines*

Adolescentes · Del libro FUSIÓN un punto de encuentro entre tú y Dios

Versículo:

«Enseguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: "Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú"» (Mateo 26: 39).

De rodillas en el barro, recogió puñado tras puñado de arcilla y formó con entusiasmo los brazos, las manos, las piernas, los pies y la cara de un hombre. Su amor aumentó ante la vista de la más reciente y mejor de sus creaciones. «Este va a ser como nosotros -anunció a los ángeles-. Tendrá libertad para decidir». Tan pronto como se inclinó para soplar aliento de vida en su nariz, sintió una mano en sus hombros, entonces volteó y vio el rostro de un ángel con el ceño fruncido en señal de preocupación: «¿Estás seguro? -preguntó-. ¿No es un riesgo darle libertad?».

Dejando al hombre de arcilla por un momento, Jesús tomó la mano del ángel y le dijo: «¿Quieres saber lo que va a pasar? Ven conmigo». Caminaron hacia el mañana para ver un espectáculo fascinante. Los hijos de Adán cantando y riendo, alabando y adorando al Señor, juntos, con verdadero amor y devoción. El ángel jamás había visto nada tan hermoso. «Esta clase de amor solo puede darse cuando hay libertad -le explicó-. Pero caminemos un poco más adelante». Entonces vieron una escena sombría: maldad, odio, guerra y hambre. «Esto también es el resultado de la libertad -le explicó Jesús pacientemente-. Si quieren, mis hijos también pueden elegir mal, pero aún hay más, sigamos caminando».

Era de noche. Un hombre estaba de rodillas, llorando y sudando lágrimas de sangre. El ángel se quedó sin aliento cuando lo reconoció. «¡¡¡Eres tú!!!», dijo. Entonces vieron una colina, tres cruces, clavos y espinas, desnudez y vergüenza. El ángel tambaleó y cayó de rodillas. «¡Tú otra vez! -protestó-. ¡No!». Y regresaron al jardín. «¡No puedes hacer eso! -replicó el ángel-. ¡Morir por ellos! ¿Son dignos de tanto?». El Creador lo miró con una esperanzadora sonrisa y le respondió: «¡Sí! ¡Son mis hijos!».

Y así, Jesús se inclinó de nuevo, sopló, y el hombre vino a la vida.

MH

*Adaptado del libro The Choice de Max Lucado.

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Devocionales del Martes, 29 de agosto de 2017 ›