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Versículo:¿No es acaso demasiada tu maldad? ¿Y no son incontables tus pecados? (Job 22: 5).
Si no puedes atrapar a alguien cuando comete un crimen, bueno, acúsale de algo. Invéntatelo, así de simple. De hecho, acúsale de tantas cosas como puedas. Alguna ha de pegar.
Así operan algunas fuerzas policíacas del mundo. Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la Paz y parlamentaria electa del pequeño país llamado Myanmar, estuvo en arresto domiciliario desde 1989 hasta el 2010. ¿Y tú crees que es duro cuando te castigan con un día o dos sin poder salir después de la escuela?
¿Su crimen? Ser elegida primera ministra. Los dictadores militares de Myanmar permitieron las elecciones en 1990, creyendo que fácilmente ganarían. Pero estaban equivocados. El partido político de Suu Kyi ganó por mayoría de los votos, y ella iba a ser la primera mujer que gobernara su país. Pero nunca se le permitió asumir su cargo. La dictadura extendió repetidas veces su arresto domiciliario, impidiéndole viajar a cualquier lugar en el país. Nunca tuvieron de qué acusarla, así que inventaron cargos para que no saliera de su casa. Están locos, ¿verdad? Alégrate de vivir en algún país de las Américas. Al menos los gobiernos de este lado del planeta no están tan chiflados.
Cuando Elifaz no pudo señalar algún pecado en la vida de Job que le causara sus sufrimientos, empezó a inventar cosas. A ver si puedes adivinar de qué lo acusaba cuando dijo esto: «Sin motivo demandabas fianza de tus hermanos, y en prenda los despojabas de sus mantos; ¡desnudos los dejabas!» (Job 22: 6). ¿Se te ocurre algo?
Lo siguiente es más sencillo: «Al sediento no le dabas agua; al hambriento le negabas la comida. Hombre de poder, te adueñaste de la tierra; hombre prominente, en ella te asentaste» (vers. 7, 8). ¡Qué acusación tan fuerte!
Elifaz acusaba a Job de ser avaro, manipulador y desalmado; de exigir pagos a sus «hermanos» que no podían cumplir, dejándolos en la calle.
La respuesta de Job fue: «En sus sendas he afirmado mis pies; he seguido su camino sin desviarme» (Job 23: 11). Sabía que había sido leal a Dios, y las palabras de Elifaz no podían sacudir su inocencia.
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Job 22-24
¿Cómo respondes cuando te acusan falsamente? Examina Job 23: 10.