Devocionales Matutinos

Levanto Mis Ojos…

Adolescentes · Del libro UN AÑO EN LA PALABRA

Versículo:

A las montañas levanto mis ojos: ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, Creador del cielo y de la tierra (Salmos 127: 1, 2).

¿Qué te parecería que te pagaran todos tus estudios universitarios, antes de que siquiera termines la secundaria? No, no por medio de préstamos, como los que se ven forzados a solicitar muchos universitarios para pagar el alto costo de la educación superior en algunos países. El pago sería un regalo de alguien que simplemente creyó en ti.

¿Dices que «eso es puro cuento»? Pues sí pasó. Te contaré la historia.

Les sucedió en 1981 a 59 niños de primaria de las comunidades negra e hispana. Eugene Lang, exitoso empresario graduado de la misma primaria pública en East Harlem, Nueva York, había sido invitado a hablar a los alumnos de sexto de ese año. Lang miró a esos chicos desfavorecidos, y a todos sus familiares reunidos en el pequeño auditorio, y se preguntaba qué les diría.

Lang había preparado un discurso, pero cualquiera que ha hablado ante un público infantil, te dirá que resulta difícil. Lang descartó sus notas y habló desde el corazón. Habló de la importancia de trabajar duro y seguir estudiando. Cuando abordó la importancia de recibir una educación, se sintió motivado por la gran necesidad que veía. El empresario miró a los niños, y dijo: «Si quieren ir a la universidad, adelante. Les prometo que, si llegan a la universidad, les daré el apoyo financiero necesario para pagarla colegiatura». Todos permanecieron sentados en asombrado silencio, y de pronto el lugar hizo erupción. Los padres aplaudieron y se inclinaron para felicitarse unos a otros. Por supuesto, los chicos de sexto no estaban del todo seguros de lo que había sucedido.

¿Cuál fue el resultado? Cerca de la mitad de los alumnos de sexto grado se graduaron de la preparatoria, y dos tercios de ellos fueron a la universidad. Una tasa de éxito nada mala, considerando que el 75% de los estudiantes de East Harlem durante la década de 1980 abandonó la escuela, y prácticamente ninguno fue a la universidad. ¿Qué cambió a los alumnos de sexto en aquella escuela? En una palabra: ¡ESPERANZA!

Sin esperanza, poco podemos hacer. El Salmo 121 comienza con las palabras «Levanto mis ojos». ¿Por qué? Los escritores de este salmo necesitaban una ayuda que solo Dios les podía dar, ¡así que miraron hacia Dios! Cualquiera sea el desafío, Dios te ofrece esperanza.

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Salmos 121-125

¿Uno de tus amigos o alguna de tus amigas está triste? Compártele Salmos 126: 5, 6.

Devocionales del Jueves, 28 de junio de 2018 ›