
El audio de este devocional no está disponible por ahora, pero puedes usar la voz de tu dispositivo para que te lo lea.
Opciones de lectura
Versículo:El charlatán hiere con la lengua como con una espada, pero la lengua del sabio brinda alivio (Proverbios 12: 18).
Había escuchado que Dave (no es su nombre) y su madre discutían todo el tiempo. Él tenía dieciséis años, pero se comportaba como si tuviera veinticinco, y ella se había hartado de que él se llevara su automóvil sin permiso y anduviera en la calle con sus amigos hasta tarde en la noche, generalmente haciendo lo que se le antojaba. Como madre soltera, se preocupaba por la seguridad de su único hijo. Ella solo quería lo mejor para el chico, pero por alguna razón nunca pudo expresar con palabras ese amor y preocupación que sentía por él.
-¡Dwain, ella nunca dice nada bueno de mí! ¡Nunca! -me dijo Dave con una expresión de furia-. Por eso viniste a hablar conmigo, porque ella le habló mal de mí a alguien, y luego fueron a decirte a ti. Mi madre siempre me está fastidiando por todo.
Tomando apenas un respiro, sus palabras se desbordaban como un río.
-Soy un bueno para nada, Dwain -concluyó.
Cierto o no, a mi amigo lo hería profundamente una constante lluvia de comentarios negativos de parte de su madre, ¿Has sentido eso alguna vez?
-¿Cuándo fue la última vez que te hicieron un cumplido? -le pregunté, preparado para verlo más enojado. Pero en lugar de esto, hubo silencio. Me miró y entonces lentamente bajó su cabeza. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas hasta caer en el suelo, mientras trataba de contener el dolor.
Sabía que no era perfecto, que había maltratado a su madre, pero las palabras de ella no ayudaban a mejorar la situación, al menos desde su punto de vista.
Muchas veces los adultos acusamos a los chicos de usar un lenguaje irrespetuoso y grosero, pero no son los únicos. Los adultos también empuñamos las palabras como espadas desde lo más profundo de nuestro ser. Pero no es una excusa para que te rebajes a su nivel. Se supone que debes respetar a tus padres y a otros adultos, aunque parezca que ni ellos mismos se respetan. Esto es parte de lo que le dije a Dave.
Si los adultos que te rodean no miden sus palabras, entonces tú muéstrales cómo se debe hacer. Muestra respeto y escoge tus palabras sabiamente. ¿Para qué molestarse? E. G. White lo resumió bien cuando escribió lo siguiente: «La voz y la lengua son dones de Dios, y si se los usa correctamente, son un poder en favor de Dios» (Hijos e hijas de Dios, pág. 180). ¡Basta de hablar mal!
NO DEJES DE LEER
Proverbios 10-12
Escribe un pequeño párrafo sobre el significado de Proverbios 12:23.