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Versículo:El fin de este asunto es que ya se ha escuchado todo. Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque estos es todo para el hombre (Eclesiastés 12: 13).
El Maestro que nos ha dado lecciones durante los últimos cuatro días, no es otro más que el rey Salomón. ¿Quién si no él tuvo la riqueza y el poder para explorar todo lo que la vida tiene para ofrecer?
Salomón se dedicó a ser rey; construyó grandes palacios y gobernó mucho del mundo conocido en ese entonces, pero todo eso le pareció absurdo. Se entregó a las inmoralidades sexuales con una incontable cantidad de mujeres extranjeras, pero eso tampoco lo satisfizo.
Tuvo cientos de esposas y concubinas, y así forjó alianzas con otros países, pero eso tampoco llenó su corazón. (¡Le habrá costado mucho tener contentas a la mitad de esas mujeres!) Amasó una fortuna mayor que la de cualquier otro rey antes que él, pero su corazón seguía vacío.
Eclesiastés es la confesión de Salomón, pero no la convirtió en la letra de una canción de Usher. En lugar de eso, Salomón detalló sus pesares como enseñanza para las generaciones futuras. En el capítulo 12 te habla justo a ti: «Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los días malos y vengan los años en que digas: “No encuentro en ellos placer alguno"» (vers. 1).
¿Cuándo es el momento oportuno para entregar tu corazón a Dios? Hoy mismo, porque en poco tiempo habrás envejecido y te podrías arrepentir de no haber hecho caso antes.
Salomón entonces describe qué se siente estar al borde de la muerte, sin poder deshacer el mal que ha hecho. Describe cómo es quedarse ciego: «Antes que dejen de brillar el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia» (vers. 2). Dice además que «se detendrán las molenderas por ser tan pocas, y se apagarán los que miran a través de las ventanas» (vers. 3). Es una manera poética de decir que se caen los dientes y ya no se puede masticar la comida.
La inequívoca conclusión de la confesión del rey Salomón no es «todo es un absurdo», como afirma Eclesiastés 1: 2. Eso es parte del asunto. La síntesis de lo que aprendió se encuentra en los dos versículos finales de su libro.
Cuando Salomón terminó de hacer el recuento de su vida, comprendió que la mejor manera de vivir es «temer [respetar] a Dios y guardar sus mandamientos». Esto, dijo él, es «el todo del hombre» (vers. 13). Ciertamente, es todo lo que Dios nos pide. Cuando vivimos así, no tenemos remordimientos.
NO DEJES DE LEER
Eclesiastés 10-12
¿Por qué es importante vivir para Dios? Eclesiastés 12: 13.