Devocionales Matutinos

Un Cerdo Es un Cerdo

Adolescentes · Del libro UN AÑO EN LA PALABRA

Versículo:

Tan solo he hallado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al género humano, pero este se ha buscado demasiadas complicaciones (Eclesiastés 7: 29).

Las ferias de pueblo en Estados Unidos son únicas: las gallinas ganan medallas, las vacas obtienen listones y los cerdos participan en carreras. Nunca he estado en una de esas ferias, pero un amigo mío que se mudó de la selva de asfalto de Nueva York a una zona semirrural de Carolina del Norte, me contó lo que vio.

Lo que más le fascinó fueron las carreras de cerdos. «¿Por qué compiten unos cerdos?», me pregunté mientras mi amigo describía con lujo de detalles el sórdido y enlodado evento. «¿Y luego qué? ¿Van a volar o algo así?» Todo eso me sonaba un poco falso, pero como soy un chico de ciudad no sabría qué decirte.

Mientras escuchaba, me asombró la conexión entre dos grupos de cerdos en la feria. Había cerdos que parecían como si nunca hubieran visto lodo en su vida. Eran cerdos de exposición, criados y alimentados para ganar listones por su tamaño, peso y sobre todo su buena apariencia; como si un cerdo pudiera ser guapo. ¿Los cerdos de carreras? Bueno, eran animales del lodo, destinados a ganar una carrera o terminar en la mesa de alguien. Su futuro no se veía muy prometedor.

Pero aunque no lo creas, casi no hay diferencia entre un cerdo de exposición y un cerdo común. Si se los dejara, a los cerdos de exposición les encantaría revolcarse en el estiércol y el lodo de un chiquero. No te confundas. ¡Un cerdo es un cerdo!

Lo mismo vale para los humanos. Somos cerdos. Bueno, no exactamente, pero déjame explicártelo. Cuando Dios creó a Adán y a Eva, como el Maestro lo destaca, los hizo rectos y honrados. Pero cuando escogieron pecar, algo cambió en su ADN. Comenzaron a buscar el modo de complacerse a sí mismos en lugar de a Dios. Cuanto más escondían sus pecados, más cambiaban. Como los cerdos de exposición, se ven bien por fuera, pero en el fondo siguen siendo cerdos.

No importa lo mucho que nos disfracemos, si Dios no obra en nosotros para transformarnos terminaremos de vuelta en el chiquero. Por eso debemos agradecer a Dios por Jesús. Porque la vida, muerte y resurrección de Cristo nos muestra que gracias a él podemos ser puros.

Si te atoraste en el fango, pide a Jesús que entre y limpie tu vida. ¡Lo hará!

NO DEJES DE LEER

Eclesiastés 7-9

Lee Eclesiastés 7: 13, 14. ¿Tiene razón Salomón cuando dice que «el hombre no puede descubrir nada de su futuro»?

Devocionales del Lunes, 16 de julio de 2018 ›