Hoy
El becero y el Buda
Adolescentes · Del libro La vuelta al mundo en 365 Días
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«JAMÁS SERVIREMOS A SUS DIOSES NI RENDIREMOS CULTO A LA ESTATUA DE ORO QUE USTED HA LEVANTADO» (DANIEL 3:18).
En Éxodo 20, la Biblia es clara al incluir en los Diez Mandamientos la orden divina de no hacer ídolos ni imágenes de escultura. Sin embargo, mientras Moises recibía las tablas de la ley, el pueblo de Israel decidió fabricar un becerro de oro, lo que provocó un enorme desastre en el campamento.
Hablando de estatuas, ¿sabes dónde está una de las esculturas más grandes del mundo? Se encuentra en China, en un lugar llamado Zhaocun. Su nombre es Buda del Templo de Primavera, y su altura es extraordinaria: 128 metros de estatua, más 25 metros de un pedestal en forma de flor de loto con un templo en su interior. En total, todo mide 153 metros. Para tener una idea, esto equivale a un edificio de más de 55 pisos o, al menos, cuatro veces la altura del Cristo Redentor en Río de Janeiro. Bastante alto, ¿no?
La estatua es de una persona que representa las creencias del budismo, una religión oriental con miles de millones de seguidores. La estatua está compuesta por 1.100 placas de cobre y pesa más de 1.000 toneladas. ¿Su precio? Más de 50 millones de dólares. Por desgracia, esta enorme construcción humana despierta reverencia, adoración e idolatría en sus seguidores. Si bien su belleza es innegable, también hace evidente el desvío de los planes originales de Dios. Nuestro Padre celestial nunca pensó en ver a sus hijos adorando a un Buda gigante o a un becerro de oro. El ser humano fue creado para adorar al Creador. Cuando las personas terminan rindiendo culto a objetos, imágenes o esculturas, están sustituyendo a Dios.
No te dejes engañar por esculturas u otras creaciones humanas que aparentan tener algún poder especial. Solo el Señor es digno de nuestra adoración; solo Dios merece ser exaltado; y solo Cristo murió en la cruz para salvarnos de este mundo de pecado. Por lo tanto, cerrar los ojos en oración y hablar directamente con el Dueño del universo vale infinitamente más que imaginar que una estatua posee algún tipo de poder inexplicable. No debes adorar nada, excepto a Dios. Él siempre estará dispuesto a escuchar tus sueños y responder tus preguntas.
Aprovechemos este momento para invitar al único Señor de nuestra vida a que sea todo en nosotros y a través de nosotros. Después de todo, él es invisible solo por ahora, pero un día seremos revestidos de perfección para verlo cara a cara. Y te aseguro que su grandeza y belleza no podrán compararse con ninguna estatua del mundo.