La Montaña del arca

Adolescentes · Del libro La vuelta al mundo en 365 Días

«¡NO TENGAS MIEDO! YO SOY EL PRIMERO Y EL ÚLTIMO» (APOCALIPSIS 1:17).

Vamos de viaje a Turquía? Allí se encuentra uno de los lugares más curiosos para los apasionados de la Biblia. Un día, Dios decidió rehacer este planeta con solo ocho sobrevivientes y ordenó a las aguas que hicieran el trabajo. El diluvio modificó todo el mapa geográfico de la Tierra y, al final de la mayor tormenta de la historia, el arca de Noé permaneció intacta, protegida por los poderosos ángeles del Señor. Bien, ¿y esto qué tiene que ver con Turquía?

Ven conmigo a la ciudad de Igdir y verás una de las montañas más conocidas en la Palabra de Dios: el monte Ararat. La imagen es bellisima, pues su imponente elevación se destaca en medio de llanuras y campos. Aunque la «montaña de Noé», como se la llama en persa, está en Turquía, se encuentra muy cerca de las fronteras con Armenia, Irán y el enclave azerbaiyano de Najicheván. Y muchas historias de estas naciones, con sus culturas antiguas y diversas, también señalan una gran inundación universal con un tipo de barco que salvó a la raza humana. El monte Ararat tiene 5.137 metros de altura y sus últimos tramos hasta la cima están cubiertos por «nieves eternas», es decir, una capa de hielo que nunca desaparece, ni siquiera en verano.

Está bien, ¿y el arca? Dios fue tan sabio al evitar que los restos de madera del arca se convirtieran en objetos de adoración idolátrica que permitió que el gran barco descansara en un lugar de acceso extremadamente difícil, incluso para alpinistas profesionales. Además, solo si toda la nieve se derritiera de manera inexplicable, sería posible explorar aquella cumbre en busca de las tablas y troncos de más de cuatro mil años de antigüedad.

Ahora bien, vale la pena visitar el monte Ararat, pero vale mucho más convertirse en un habitante constante de las verdades bíblicas. Bajo ese espeso manto de nieve, no tengo duda de que existe una evidencia más de la manera soberana en que Dios dirige la sinfonía de nuestra historia. Él prometió que jamás volvería a destruir la Tierra con agua, pero advirtió que la próxima vez sería con fuego. Y no le tengas miedo a eso, ¡no! A menos que olvides quién es Jesús. El Dios que yo conozco me perdona, me protege, me ayuda, me fortalece y me ama como nadie podría amar. Y así como Noé fue resguardado del tsunami mundial hasta atracar en Turquía, tú y yo podemos seguir adelante rumbo a nuestro Puerto seguro.

Y recuerda que el arcoíris no es una casualidad.