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Versículo:«Por esto fue llamada el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra» (Génesis 11: 9).
Babel es el nombre que la misma palabra de Dios revela que quiere decir confusión. La confusión no viene solamente porque confundió el lenguaje de los que ahí se encontraban, sino que también tiene la connotación de que se confundió su cosmovisión de la vida, de que dejaron a Dios y de que confiaron más en sus fuerzas y capacidades intelectuales para no volver a ser destruidos que en las promesas celestiales. La actitud de este pueblo posdiluviano en la era temprana de la segunda etapa de la historia de la humanidad revela la misma actitud de un pueblo rebelde contra los mandatos de Dios. El punto central es el mismo: la desconfianza completa a los mandatos y promesas de Dios.
Dios se manifestó en forma sobrenatural contra la obstinación de este pueblo y confundió allí su lengua, dando origen a una multitud de idiomas que era tal que no se podían entender entre sí. Poco a poco, las personas se fueron agrupando de acuerdo con su lenguaje, tomando rumbos diferentes sobre la faz de la tierra. Algunas tomaron rumbo hacia lo que hoy se conoce como Europa; otras hacia Asia; y otras más hacia África. La tierra se pobló de acuerdo con la voluntad de Dios, pero cada grupo llevó sus ideas de lo que había pasado en el diluvio y de lo poco que les quedaba de la revelación de Dios hacia Noé y sus hijos, sus antecesores.
Babel, de donde se desprende Babilonia, sigue teniendo el mismo significado. El primer imperio fundado sobre la tierra llevó parte de este nombre consigo y el deseo de siempre querer oponerse a la autoridad y a los mandatos de Dios, por lo que tuvo que humillar a su monarca, Nabucodonosor, hasta que este reconoció quién era el Señor. Hoy, y en el futuro, Babilonia sigue siendo el símbolo de una ciudad que se opone al Padre. Hasta que finalmente la destruya para siempre, sus habitantes rebeldes seguirán existiendo.
Mi querido amigo, Jerusalén es la ciudad de Dios, el símbolo de los hijos obedientes a sus mandatos y a su gobierno. ¿Quieres aceptar el gobierno eterno de Dios y ser su hijo? Sal de Babilonia, de la ciudad de la confusión donde reina el pecado y la oposición contra él. Ven a Jesús, tu gran salvador, porque todo es por su gracia.