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Versículo:«Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré» (Génesis 12: 1).
En un mundo donde la humanidad vive en un continuo éxodo en busca de mejores condiciones de vida, el pedido de Dios para Abram no pareciera que encierra mucha dificultad, pero hay tres elementos en esta historia que la hacen única como prueba de fe.
En primer lugar estaba la cultura. No era normal en los tiempos de Abram abandonar a la familia. Los padres educaban y preparaban a sus hijos para que velaran por ellos en su vejez. Los hijos aprendían los oficios de sus padres y se esperaba que continuaran con el negocio o con la actividad familiar, cuidándose mutuamente hasta la muerte.
En segundo lugar estaba la edad. Abram ya no era un joven ni mucho menos un adulto maduro; era un anciano de 75 años. ¿Por qué Dios llamó a un hombre con semejante edad? Si para algo estaba listo Abram era para jubilarse; quizá el patriarca pudo haberle dicho al Señor: «¿Yo? ¿A esta edad? He hecho lo necesario para mi vejez, lo he planeado todo para mi jubilación ¿y ahora me pides que lo deje todo y que me vaya?». Piensa por un momento en tu situación. ¿Te irías a probar suerte a esa edad en otra parte, cuando tienes todo planeado y arreglado? Seguro la respuesta es no. Si tuviera 45 años habría una posibilidad, pero ¿a los 75 años?
En tercer lugar estaba el destino, «a la tierra que te mostraré». No era a un país con mejores condiciones de vida ni tampoco era a uno que le ofreciera la ciudadanía con un retiro garantizado. Era un destino incierto, con la posibilidad de que se convirtiera en un nómada hasta su muerte. La obediencia de Abram fue fe; dejó su zona de confort y decidió obedecer a Dios contra todo pronóstico. Seguramente recibió un sin número de advertencias contra su aparente mala decisión, pero la historia enseña que su decisión fue correcta; con Dios nunca se pierde.
Hoy el Señor te llama a salir de tu zona de confort. Te llama a obedecerlo, a guardar sus mandamientos y a adorarlo en el día que él estableció. Te llama a ser su hijo a fin de que seas bendición para tu familia y para quienes te rodean. Después te dará la tierra prometida, la vida eterna. ¿Aceptarás su llamado o habrá miles de pretextos para no salir de tu comodidad? Ven a Jesús, porque la historia te enseña que con Dios nunca se pierde y que todo es por su gracia.