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Versículo:«Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?» (Génesis 12:18).
La historia registra que hubo hambre en la tierra de Canaán. La migración era necesaria para sobrevivir y el país más desarrollado en ese tiempo que estaba cerca de la tierra de Abram era Egipto. Este era el país deseado por muchos, ya que era considerado un imperio y las aguas del río Nilo le proporcionaban a la tierra la bendición de la abundancia. Si existía un lugar seguro para habitar y tener comida, ese era Egipto.
Saraí, por su parte, es descrita por la Biblia como una mujer de hermoso aspecto. Era de una extraordinaria belleza a pesar de su edad porque, aunque para ese tiempo ya pertenecía a la tercera edad, su belleza era admirada y deseada. Abram sabía que estaba en peligro de muerte, ya que habitar entre desconocidos. con una mujer tan hermosa como esposa era como llevar un letrero sobre la espalda que dijera «mátenme». El patriarca recurrió a la mentira porque en lugar de poner su vida en peligro podía recibir bienes y buenos tratos gracias a Saraí. Por tanto, declaró que era su hermana.
para salvar
Como era de esperarse, la noticia de la bella mujer había llegado a oídos del Faraón y este, sin demora y conforme a la costumbre, la llevó al palacio para hacerla su mujer. Dios tuvo que intervenir de una manera sobrenatural para salvar la integridad moral de Saraí. Fue por eso por lo que grandes plagas cayeron sobre Egipto, de manera tal que Faraón concluyó, junto con sus consejeros, que era por culpa de haber tomado a Saraí por mujer.
Faraón interpela a Abram por su mentira, porque no importaba lo que él dijera para hacerla ver como una verdad disfrazada, ya que el hecho era que se trataba de su esposa. Por supuesto, Faraón no iba a pelear con un hombre cuyo Dios podía destruir Egipto, así que decidió que era mejor darle ovejas, asnos, animales y sustento para así despedirlo en paz. Dios pudo haber cuidado a Abram sin necesidad de la mentira, pero Abram también era hombre. A pesar de confiar en Dios podía pecar y tener temor como cualquier otro, pero Dios lo cuidó sin importar su error.
Mi querido amigo, Abram mintió como cualquier otro hombre, pero no se apartó de Dios. Su error fue perdonado y vindicado. Al igual que Abram, quizá también has pecado y quizá te has equivocado; aun así, no tomes el camino errado, no dejes a tu Dios por muy ruin que te sientas. El siempre está listo para perdonarte, conoce todos tus temores y angustias, pero también quiere ayudarte. Ven Jesús, tu salvador amante, porque todo es por su gracia.