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Versículo:«Dijo entonces Saraí a Abram; Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram el ruego de Saraí» (Génesis 16: 2).
Cuando Dios creó al hombre consideró inmediatamente que sería bueno si se le daba una pareja, por tanto, le hizo una compañera semejante a él quien era su complemento, su otro yo e igual de inteligente que él, pero del sexo opuesto para que se disfrutaran el uno al otro.
El plan no era que el hombre tuviera varias mujeres y, aunque el Sinaí, lugar donde Moisés recibió los diez mandamientos, estaba en el futuro, Dios dejó claro en el jardín del Edén que no era conveniente que el hombre tuviera más mujeres ni que la mujer tuviera más hombres. De ser así, Dios le habría hecho a Adán dos o tres Evas para cuando se peleara con una o quizá le hubiera hecho dos o tres Adanes a Eva por si alguno le saliera iracundo y mandón, pero no fue así. Dios quería que la pareja superara todos los obstáculos propios de la convivencia con otro ser diferente a sí mismo.
Saraí, en su desesperación, le dio su sierva Agar a su esposo Abram para que cohabitara sexualmente con ella. Deseaba a toda costa tener un hijo e hizo sus propios arreglos, los cuales le trajeron sufrimiento a todos los involucrados. El Señor le dijo a Abram que bendeciría a Ismael, pues era su descendencia, pero esta descendencia produjo una guerra constante que ha durado hasta el presente. A pesar de que los árabes y los israelitas son parientes, nunca se han podido poner de acuerdo. Las luchas entre ellos han sido tan encarnizadas que muchos han muerto a través de la historia.
Dios tenía la manera de resolver todo esto, pero Saraí quiso a arreglarlo a su manera y, al parecer, Abram no le disgustó mucho la idea de estar con Agar. Siempre será así: cuando una tercera persona entra en el círculo sagrado del matrimonio, las consecuencias son desastrosas.
Mi querido amigo, si estás casado o casada, no busques otros caminos, no creas en la idea de que algo te hace falta, no des rienda suelta a tu imaginación planeando actos que están fuera de los planes de Dios para tu matrimonio. Él desea que junto con tu cónyuge puedas superar todos los obstáculos, porque ese es el verdadero amor, aquel que va más allá de una relación sexual, aquel cuyo centro es Cristo. ¿Quieres pedirle a Dios que bendiga tu matrimonio? Hazlo y Dios te escuchará, porque todo es por su gracia.