Hoy
La voz es de Jacob, pero las manos de Esaú
Adultos · Del libro Por su Gracia
«Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: la voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú, y le bendijo» (Génesis 27: 22-23).
Las relaciones entre padres e hijos son muy distintitas alrededor del mundo. En algunos países o regiones son más cálidas y amorosas que en otras, ya que la cultura juega también un papel muy importante. Sin embargo, se da por sentado que todos los hijos respetan, admiran y aman a sus padres. No es común que un hijo quiera engañar deliberadamente a su padre para sacarle ventaja a alguna situación y mucho menos que ese hijo tenga como cómplice a su madre, pero desde luego los hay. Por supuesto, cuando esto sucede, las acciones dejan una secuela de resentimiento, odio y amargura.
Jacob no era el hijo consentido de Isaac y Rebeca lo sabía muy bien, así que juntos tramaron la manera de engañar al pobre viejo ciego para robarle la bendición de su hermano Esaú. El diálogo que se desarrolla entre Jacob y su padre, por las sospechas de Isaac de que algo no estaba bien, le dieron a Jacob la oportunidad de arrepentirse, pero aun así continuó con su engaño hasta conseguir su objetivo. Las consecuencias fueron desastrosas: un padre frustrado por el engaño su hijo menor, una madre atormentada por el odio de su hijo Esaú y por las lágrimas de su esposo y un hijo perseguido por su sentimiento de culpa y exiliado de su hogar por muchos años. Eso genera el engaño y la mentira; no importa qué tiempo sea ni en qué cultura, las consecuencias siempre serán devastadoras para una familia. Las heridas abiertas tardarán mucho tiempo en cicatrizar, con la amenaza latente de que nunca cicatricen.
Mi querido amigo, todos forman parte de una familia y es muy posible que no estés orgulloso de la tuya. Cada uno sabe los desafíos que hay en su seno y, todavía más, cada uno sabe si quizá su familia está pasando por momentos angustiantes por causa de tus acciones. Cristo es el médico de la familia y solo él es capaz de curar las heridas abiertas y de curar a cada corazón lastimado por la mentira, la frustración o el desengaño. Trae a tu familia a los pies de Jesús, deja que él haga eso imposible que tú no puedes, deja que te cure y sane a todos tus familiares. Ningún miembro es perfecto, pero todos pueden ser salvos y redimidos, porque todo es por su gracia.