Hoy
Yo mataré a mi hermano Jacob
Adultos · Del libro Por su Gracia
«Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob» (Génesis 27: 41).
Los errores cometidos por las preferencias de los padres hacia sus respectivos hijos, añadiendo las inclinaciones propias de la naturaleza humana en cada individuo, hicieron del ambiente familiar en el hogar de Isaac y Rebeca un cultivo apropiado para el odio y el rencor entre hermanos. Esaú se sentía engañado y defraudado por su hermano. Lo único que sentía al verlo era el deseo de la venganza que llevaría a cabo con su propia mano. La muerte de Jacob era el deseo acariciado en su corazón.
Rebeca intervino para evitar la tragedia e hizo lo propio para lograr que Isaac estuviera de acuerdo con que Jacob se fuera de casa. Lo que más temía sucedió: perder a su hijo predilecto. Por supuesto, hacer que huyera de casa era mucho mejor que verlo muerto a manos de su hermano. La historia de Jacob y Esaú enseña que en un hogar en el que los padres no se pongan de acuerdo con la disciplina de los hijos puede traer como consecuencia la desgracia.
Hoy día, hay muchos hermanos y hermanas que no se pueden ver. La historia pasada los ha dividido, el rencor en su corazón se ha vuelto odio y, aunque les es posible convivir con otras personas y disfrutar con otros que no tienen ningún parentesco con ellos, están lejos de sus familiares física y emocionalmente. No hay una relación amorosa y entre más lejos, mejor.
¿Y tú, mi querido amigo? ¿Cómo estás con tus hermanas y hermanos? ¿Tu historia se parece a la de la familia de Isaac? Détente un momento a analizar tus relaciones con tus familiares. Cierto, no hay familias perfectas, pero Dios anhela que vivas en paz con todos, aun con tus familiares. Sería muy triste hablar del amor de Dios a otros cuando no lo puedes hacer con los tuyos. Dios puede curar esas relaciones rotas, así que piensa en la forma en cómo puedes volver a conectarte con tus familiares. Deja el orgullo y el odio a un lado y permite que el Señor actúe en ti. Te aseguro que también lo hará con quien menos lo piensas. Trae tus cargas relaciones rotas a Jesús, él puede y desea sanarlas, porque todo es por su gracia.