Hoy

De todo te daré el diezmo

Adultos · Del libro Por su Gracia

«Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti» (Génesis 28: 22).

Sin duda, cuando hay crisis es la oportunidad de Dios. Es posible que difícilmente Jacob hubiera tenido la oportunidad de tener un encuentro personal con Dios mientras estaba en casa. Huyendo de su hermano, en la soledad de la noche, solo con sus pensamientos, acostado con los ojos abiertos y mirando las estrellas en el cielo había tanto en qué pensar. Se había acabado la comodidad de su hogar porque ya no sería el hijo mimado de mamá; ahora estaba solo. ¿Encontraría a la familia de su mamá? ¿Qué destino le esperaba? Al final, no tuvo más remedio que quedarse dormido.

En medio de esta incertidumbre, Dios se le reveló a Jacob en sueños y le habló cuando más lo necesitaba. Le mostró la gloria del cielo y cómo los ángeles ascendían y descendían. Él mismo le habló: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho» (vers. 13-15).

Lo que Jacob necesitaba escuchar, Dios prometió. Ropa, comida, seguridad, herencia y descendencia. Jacob, al escuchar las promesas de Dios, inmediatamente decidió en su corazón hacer un pacto con él. Jacob no hizo un pacto en un templo o en medio de una congregación, sino que lo hizo solo en medio de la naturaleza, solo frente a su Dios. Fue un pacto que no necesitó intervención humana, sino la prescencia divina.

Mi querido amigo, ser fiel a Dios en los diezmos no es un asunto de hombres, es un asunto personal con Dios. Así como Dios le habló a Jacob a solas, te puedo asegurar que Dios te ha hablado, que ha querido darte sus promesas y bendciones, pero quizá no has querido escuchar. ¿Necesitas una crisis? No la pidas, no es agradable, pero lo que sí es seguro es que si por alguna razón entras en una crisis, Dios no dejará de hablarte, porque quiere salvarte. Reconocerlo como el dueño de todo incluye también recononocerlo como el dueño de tu vida. ¿Quieres aceptarlo como tu Señor ahora? Ven a él, porque todo es por su gracia.