Hoy

¿Por qué me has engañado?

Adultos · Del libro Por su Gracia

«Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?» (Génesis 29: 25).

Si alguna vez te has casado entenderás con facilidad la sorpresa de Jacob. El hombre había servido casi como esclavo durante siete años por la mujer. Estaba completamente enamorado de Raquel, realizaron la ceremonia de bodas, la miró entusiasmado con su vestido oriental para bodas y esperaba ansioso el momento para disfrutar de la noche de bodas.

Es probable que te puedas imaginar el gozo de Jacob en la tienda nupcial, ya que creía que había disfrutado de su esposa toda la noche. Qué triste que en ese tiempo no había luz eléctrica; todavía más, la novia iba cubierta con el velo especial de bodas, de manera que reconocerla no era tan sencillo en la oscuridad. Por su parte, Lea, al estar al tanto del engaño, no pronunció una sola palabra y, además, cooperó muy bien con su papel de recién casada.

Cuando amaneció, Jacob sufrió el desencanto de su vida. Con asombro cayó en cuenta de que no era Raquel con la que había estado, sino su hermana. «¡Tonto de mí! ¿Cómo es que no me di cuenta?». No conozco qué más habrá dicho Jacob, pero lo cierto es que se enfrentó a su suegro con mucho enojo: «¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué me has engañado?».

El ambicioso suegro le dio unas las razones, aunque claro está que no contentaron a Jacob. Finalmente, convinieron que debía cumplir el tiempo de luna de miel con Lea y que también recibiría a Raquel después de otros siete años de trabajo.

Las Escrituras dicen que a Jacob se le hicieron pocos esos siete años gracias al amor que le tenía a Raquel. Ahora había probado en carne propia lo que era el engaño porque había engañado a su padre y a su hermano. Pudo entender, a partir de ese momento, que la mentira trae dolor y angustia.

Mi querido amigo, no importa cuánto tiempo pase, las consecuencias de tu proceder te alcanzarán con más dolor y, en muchas ocasiones, te sentirás impotente, sin poder hacer nada. Dios, quien está lleno de misericordia y bondad, puede ayudarte aun en medio del dolor. Sus manos de amor son capaces de sanarte y de llevarte a un estado de bienestar y paz. ¿Has engañado? ¿Te han engañado? Deja que Dios cure tus heridas; siempre tiene el remedio perfecto, porque todo es por su gracia.