Hoy
Tu nombre no será más Jacob sino Israel
Adultos · Del libro Por su Gracia
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«Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido» (Génesis 32: 28).
Después de un largo tiempo exiliado lejos de su familia, Jacob regresó a su tierra con sus mujeres, sus hijos y sus propiedades. Durante el camino tuvo que enfrentarse a su ambicioso suegro quien, después de un pacto, lo dejó marchar con todo lo que traía, pero en su mente había algo mucho más importante que su suegro: su hermano Esaú, quien había jurado darle muerte por el engaño que cometió contra él cuando le robó su primogenitura.
Por supuesto, Jacob ya era otro hombre. Los años lejos de casa y la penosa vida de privaciones habían hecho de Jacob un hombre maduro, pero sobre todo un hombre que había aprendido a confiar en Dios. Había experimentado en carne propia las bendiciones de Dios de forma milagrosa. El niño mimado de Raquel había dado paso a un hombre consciente y sensato.
¿Pero cómo enfrentar a su hermano? La noticia era que venía a su encuentro con 400 hombres, pero Jacob ya no temía por él, sino por sus mujeres e hijos. Lo último que recordaba de su hermano eran sus ojos inyectados de odio gritándole: «¡Te mataré!». Ahora era el momento de enfrentarlo. Angustiosamente buscó a Dios en oración hasta que sintió que un varón luchaba con él; la Escritura dice que Jacob luchó con el varón toda la noche, y cuando despuntaba el alba el varón le dijo: «Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices» (vers. 26).
El varón, que era el ángel del Señor, le dijo que su nombre sería Israel por haber luchado y vencido. Mi querido amigo, no importa cuánto corras, tarde o temprano tendrás que enfrentarte a tus pecados y a tus temores. Enfrentarlos es aterrador, porque piensas más en las consecuencias personales que en lo que vendrá como bendición después de la batalla. Deja de luchar solo y enfrenta la realidad porque Dios está contigo.
Lo más importante es que Dios te conoce y sabe cuán pecador y miserable o engañador eres, pero esta es la gran noticia: te ama aunque sabe cómo eres. Tampoco yo lo creería porque no lo merecemos, pero te ama a ti y me ama a mí. Ven a su brazos para que puedas escuchar lo que tanto anhelas. Ya no será tu nombre pecador, perdido o miserable, sino salvado, redimido por Cristo Jesús. Recuerda: todo es por su gracia.