Hoy

Onán destruido por Dios

Adultos · Del libro Por su Gracia

«Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y a él también le quitó la vida» (Génesis 38: 9-10).

La procreación del ser humano tenía un objetivo desde el principio. El Señor les había dicho a los primeros padres, Adán y Eva, que se reprodujeran y que poblaran la tierra con su descendencia. La historia bíblica muestra que por la corrupción del hombre Dios tuvo que destruir a los primeros pobladores del planeta con un diluvio; posteriormente a eso, los habitantes del planeta eran pocos.

Para el tiempo del patriarca Jacob, tener descendencia era una enorme bendición de Dios. Los hijos varones eran vistos como la perpetuación de la familia y las mujeres que por desgracia no tenían hijos eran desvalorizadas. Muchas de ellas terminaban abandonadas para morir a su suerte. Por tanto, Dios había mandado a que toda mujer cuyo marido muriera y tuviera un hermano que le siguiera en edad tenía que tomar a la viuda y cohabitar con ella sexualmente para darle descendencia a su hermano. De esta manera se aseguraba la sucesión. de la familia.

Onán, el hermano menor de Er, esposo de Tamar, no quiso eyacular dentro de su cuñada cada vez que tenía relaciones sexuales con ella, sino que eyaculaba en la tierra; es de ahí de donde viene el término onanismo. Esto desagradó a los ojos de Jehová y le quitó la vida. Por supuesto, la actitud de Onán tenía que ver con el egoísmo. Quería estar con su cuñada para disfrutarla físicamente, pero no para darle la bendición de quedar embarazada. Su actitud es muy parecida a la de muchos hombres en la actualidad: quieren disfrutar de la sexualidad con una mujer, pero no quieren compromisos con la paternidad. Tan pronto como la mujer anuncia que está embarazada, desaparecen.

Ambos casos tienen que ver con el egoísmo. Onán, en no querer dar descendencia y en no querer la responsabilidad de la descendencia, buscó la gratificación, pero no el compromiso. Si por alguna razón estás en medio de una situación desagradable ante los ojos del Señor, es tiempo de arrepentirse. Todo lo que Dios ha hecho o dejado como precepto es para tu bien, pero, como humano, te gusta tomar otros caminos, lamentablemente equivocados, que traen tristeza y consecuencias desagradables. Ven a Jesús, él siempre está dispuesto a perdonar, porque todo es por su gracia.